Respondió la señora doña Hierónima: ¿Qué le parece á vuestra alteza, qué buen médico y apotecario son? mejor visitan las sanas de casa que las enfermas; que yo estando enferma poco há, halló al mio mi hermana vestido como á médico, tentando el pulso á una criada mia, y díxole: Hermano, ¿qué es eso que haceis? y él respondió: Señora, no soy quien pensais, que el médico de casa soy.
Dixo don Francisco: Si vuestra alteza y su excelencia mandan, aquí está á la puerta un Rey d’armas que viene á publicar un cartel; entrará si le dan licencia.
Dixo el Duque: Hacelde entrar, que el corazon me dice qu’es alguna fiesta que don Luis Milan quiere hacer en servicio de su dama. Entró el Rey d’armas, y publicó este cartel, que dice:
Muy altos príncipes y señores: Yo Miraflor de Milan, caballero errante, os hago saber que soy llegado á esta tierra, por dar cabo á una aventura, ó acabar mi desventura, y es que hallándome por el reino de Frigia, en el puerto Tenedo, donde la griega armada tuvo diez años sitiada Troya, salí de mi galera, y siendo en tierra sentí una voz que me dixo: Sube en ese monte nombrado Ida, que delante tienes, donde Páris Alexandre fué criado, y estuvo hasta que hizo el juicio á las diosas, dando la manzana de oro á la Vénus, por más hermosa que la Juno y la Pallas, y sabrás lo que has de hacer. Y subiendo hallé al entrada dél la fuente de Policena, que el retrato della, en bulto de cristal, sobre una columna estaba, echando agua por un caño de oro que en los pechos tenía con un letrero que decia:
Quien d’esta agua gustará,
Hermosura beberá.
Yo, queriendo beber della para que me viese hermoso la que feo le parecia salió un caballero armado de unas muy hermosas y ricas armas, con unas letras de oro por ellas sembradas, que decian:
Yo soy Achíles, mandado
Que l’agua de Policena
No deje beber de grado
Si Cupido no lo ordena.
Yo, que vi la guarda desta fuente ser Achíles, pensando cómo podia ser esto, estuve más espantado que de verme en batalla con él; que la muerte no deshonra cuando el matador da honra.
Y viniendo á palabras, me dixo: Nadi merece gustar del agua que no pude beber; que do falta el merecer, nadi se debe probar. Yo, que me vi despreciado, holgué que me dió ocasion de ensañarme con él, y respondíle:
No estará sin merecer,
Quien ventura le quisiere,
Desta agua dejar beber.