Pasé más adelante y vine á parar en una muy hermosa plaza que en medio de lo más alto deste monte estaba, con un palacio real que el rey Priamo habia mandado hacer para cuando venía á cazar en este deleitoso monte, lleno de caza y muchos deleites, que al parecer todo animal allí vivia más tiempo; que el deleite virtuoso conserva la vida hasta el término della: y recreando de ver estas maravillas, vime delante un hombre de maravillosa presencia, y díxome: Sígueme y no receles, que entre enemigos no va quien favorecido está, de la manera que tú has sido en esta aventura de las fuentes, quedando más hermoso y más sabio y más venturoso, por haber alcanzado con tanta honra á beber del agua dellas. Tomóme de la mano y fuimos á parar donde paran los favorecidos de Cupido, que fué en la sala del alegría, pues todo parece que reia, y vi á Cupido y á su madre asentados sobre dos grifos de oro, que en el aire por maravilloso artificio estaban, con este letrero que desta manera decia:
Por la tierra y por la mar
Vuelan grifos del Amor,
Desde el rey hasta el pastor,
Qu’es reir y sospirar.
Yo, con el acato que debia, hablé desta manera al Amor: ¡Oh Cupido! no sé cómo servirte las grandes mercedes que me has hecho, que por tu mano haya sido merecedor de beber el agua de las tres fuentes que en este monte tuyo están, que, por ser de tanto valor, muy pocos beberán dellas si no es por tu favor; yo te suplico me mandes con qué te sirva porque sepa lo mejor, y respondiendo con estas amorosas palabras, me dixo:
¡Oh Miraflor de Milan! tan pagado estoy de tí como tú deudor á mí, que por lo que mereces te he pagado, y no por cuanto hecistes ni harás por mí; tu has de partir luégo para la ciudad de Valencia de Aragon, mi mortal enemiga, pues reino tan poco en ella, que me ahorcaron en una justa, como tú sabes, que sólo en tí quedé vivo por una obra que en honra mia heciste, mostrando tu gran lealtad y la poca que los jueces tuvieron en dejarme ahorcar contra razon, siendo los aventureros que me defendian ganadores y perdedores de perdidos, pues á la fin fuí ahorcado por ser muy desconocidos; donde se vió el poco amor que tienen y el mucho que hay en tí, pues se ve que por ser desamorados, las damas hacen gestos á los caballeros burlando dellos, y ellos guiñan dellas de cola de ojo, que dias hay que no se conocen los unos á los otros, pues ellos parecen tuertos por guiñar, y ellas desamoradas por mofar, y de aquí viene que se van cantando:
No fie nadi d’amor,
Qu’es mudable y burlador.
Y así no se fian unos de otros, que si un caballero quiere servir, ha de dar fianzas que no ha de guiñar, y ellas dar fiadores que no han de mofar; y en llegando á tu Valencia, enviarás un cartel por el rey d’armas mio, que de aquí llevarás nombrado el Revolvedor, y mandarle has presentar de parte tuya á los desamorados valencianos tuyos, y tomarás por querella, que, por el desacato que me hicieron y menosprecio de ahorcarme, les combatirás que me fueron traidores en un torneo de pié, á tres golpes de pica y cinco de espada; y porque vean cómo pago á mis leales amadores, como tú eres, escríbeles las maravillas que en este monte te hice ver, y la gran honra y provecho que has ganado por combatir con tan nombrados caballeros y beber del agua destas tres fuentes, de tanto valor y propiedad como son; agora véte y harás como quien eres, que yo nunca te faltaré. Y así me partí el más contento hombre que del amor se partió, por donde os desafío con ese cartel de hoy en un mes en la plaza Mayor, dicha el Mercado, con las condiciones y armas y querella que aquí tengo dicho; y el combatir será sobre el monte Ida que allí veréis, y al subir dél me hallaréis á mí primero, defendiendo que no beban del agua de la fuente que yo guardaré, y el que mejor lo hiciere que yo tenga libertad de pasar adelante, si querrán probarse con Achíles y Corebbo y Páris, que allí estarán guardando sus fuentes que no beban del agua dellas, y el que pudiere pasar y vencer todos estos caballeros, y llegáre al palacio real del dios d’amor, que allí verán, su madre, la diosa Vénus, le alcanzará perdon que no esté en desgracia de su hijo Cupido, y daránle un anillo nombrando el venturoso, con un letrero en torno dél que dirá:
Quien anillo llevará del amor,
Será anillo de su dedo el servidor.
Dixo el Duque: En mi vida oí cartel que más placer me diese, por haber contado la maravillosa y extraña aventura de las fuentes del monte Ida. Si en libertad estuviese, yo iria á probarme en ella, que no es caballero el que no emplea su vida por alcanzar honra y fama, mayormente donde se alcanzaria tan gran provecho bebiendo del agua destas tres fuentes, que dellas se alcanza hermosura, que yo la querria para parecer bien á la Reina, mi señora, y sabiduría para disimular los celos que tengo de don Pedro Milan, y ventura para que no me fuese más contraria.
Dixo la Reina: Y’os digo, por mi fe, que si fuese caballero, me iria á probar en esta aventura por ganar hermosura para parecer bien á don Pedro Milan, mi servidor, y sabiduría para saber cómo le va al Duque, mi señor, en amores, y ventura para ser más querida dél.