Dexad vos ese mi Joan,
Que no sufre papirote,
Sino á quien le da en el mote
Más del palo que del pan.
Joan Fernandez revolvió sobre don Diego y don Luis, y con una piedra mató estos dos páxaros y descalabró á don Francisco, diciendo:
Mirad qué Milan y Diego,
Para competir conmigo;
Don Francisco, nuestro amigo,
Sedles vos mozo de ciego.
Vino á esta caza don Miguel Fernandez y la señora doña Ana, su mujer, con ropas de monte de terciopelo naranjado, llenas de muchos oidos broslados, que estaban entre unas obras, que hacian muy buen matiz, de cordoncillo de hilo de plata y seda verde; y los motes que en sus monteras traian, decia el del marido:
Todo estoy hecho oidos
En sentiros, por oiros.
Y el de la señora doña Ana, su mujer, decia:
Toda estoy hecha oidos,
Del que oigo de maridos.
Dixo don Miguel Fernandez: Señora mujer, vuestros oidos querria ser, por oir si os dice algunas mentiras contra mí vuestra Castellana Marinuevas, que por vuestra autoridad no la debríades escuchar, que mujer novicholera, nunca fué buena casera. Dijo la señora doña Ana: Señor marido, vos querríades ser mis oidos, yo querria ser los vuestros, por saber si es verdad lo que decis en vuestro letrero, que os volveis todo oidos en sentirme por oirme, que yo creo lo debeis decir por huirme, segun huis muchas veces de casa; que el marido mal casero canta en otro gallinero.
Salió á esta caza don Baltasar Mercader y la señora doña Isabel Ferrer, su mujer, vestidos de terciopelo verde, con muchas flores de jazmil, brosladas de hilo de plata, y el mote decia: