Como flor es de jazmil
El amor de poca fe,
Que entre manos secasé.
Dixo don Baltasar Mercader: Señora mujer, ¿cómo le paresce este nuestro letrero que hice para decir una gran verdad? Respondió la señora doña Isabel: Señor marido, mucho querria saber en quién ha probado vuestra merced esta verdad, que por mí no se puede entender. Dixo don Baltasar: Señora, muy poco há que se probó con la vida de mi hermano don Berenguer Mercader, que murió de amores por una dama que se le casó, pensando que estaba tan casada en la voluntad dél como no lo fué, pues pudo casar con otro y descasar á quien tan casado estaba de amor con ella; no digo que por ser mujer tuvo poca fe, sino porque no fué hombre en agradescer, que tan de véras es el amor que mata, como es de burlas el que no da vida; pues piensan que todo le es debido á la dama que matando pone en fama. Dixo la señora doña Isabel, su mujer: Señor, dicho me ha la señora doña Ana Mercader que le ha parescido muy bien todo lo que vuestra merced ha dicho, sino tacharnos á las mujeres de poca fe, y alabar á los hombres de agradescidos, que no quedan desculpados los que culpan á mujeres, si ellos quedan infamados; y lo más dirá la dama que he nombrado, pues lo siente mejor que yo. Respondió la señora doña Ana Mercader: Señora doña Isabel, no tengo parescer sino el de vuestra merced; aquí está don Luis Milan, que, yo creo, segun ha escuchado á vuesa merced, que guarda muy bien esta razon que ha dicho, y ella es tan avisada que descubrirá el parescer de algunos para mostrar lo que sienten, pues hay razones que no debrian hablar en ellas, sino el que puede entendellas. Entendamos por qué trae las víboras en el vestido que ha sacado, que bien viene invincionado, y dígalo, por vida de quien las sacó.
Dixo don Luis Milan: Señora doña Ana, lo que se debe callar no es de decir, y lo que se puede decir no es de callar. Las mejores invinciones son las que ellas mismas hablan sin letrero, y éstas apénas las hallan sino los bien invincionados cortesanos, como fué el Almirante de Castilla, que traia un corazon de piedrazufre, que nombrándole, dice la intincion del que le trae; y don Fernando de Torres, baile general de nuestra Valencia, que sacó la vela de la nave que nombran contramesana, que claro dice: contra mí es Ana; y nuestro caballero valenciano don Baltasar Romani, que traia un sino de libra, que es uno de los sinos del cielo, que esta invincion quiere decir: si, no, delibra; como es verdad que si ó no delibra al que espera. Y un otro que por Ana traia una partesana, que claro dice: parte es Ana, queriendo decir que Ana es parte para matar ó dar la vida; y ésta que yo he sacado, que son las víboras, que ellas mismas son el letrero, pues dicen por el que las trae, vivo horas, que bien se puede decir que en esta vida no se vive sino horas;
Que las horas del pesar
Más son que las del reposo,
Pues que se puede mudar
Lo venturoso.
Y el que se acordáre desto no estará sin sintir,
Que las horas del pesar,
Que es el morir,
Más son que las del placer,
Que es el vivir.
Salió don Berenguer Aguilar y la señora doña Leonor Gualvez, su mujer, con unos vestidos de terciopelo leonado; y el marido traia unos círculos redondos de plata, con un leon de oro dentro dellos, que tenian este letrero:
Leonor de oro es mi invincion,
Como muestra este leon.
Y la mujer sacó unas águilas volando, brosladas de hilo de oro, y en una montera traia el mote que decia: Tras águilas fué mi volar.
Dixo don Berenguer á la señora su mujer: Una dama me ha dicho que por haber casado con vuestra merced me pueden decir el marido de la gala y que no me faltaba sino que me dixesen Martin, pues ya tenía la gala. Dígame cómo se ha de entender esto, que yo no lo entiendo.