Respondió la señora doña Leonor: Señor, pregunte vuesa merced al señor Joan Fernandez, qué quiso decir esta dama, que no la entiendo, por qué queria que le dijesen á vuestra merced Martin, si ya no es ella por quien se dixo esta cancion,

¿Por qué no tramas tela,
Di, Berenguela?

Respondió Joan Fernandez: Señora doña Leonor, pues vuestra merced lo manda, y el señor don Berenguer se lo rie, digo que esa dama quisiera ser Berenguera, y como no lo ha sido, se burla de lo que ella quisiera ser burlada, y quiere decir que pues el señor don Berenguer alcanzó renombre de marido de la gala, que si le dixesen Martin le dirian Martingala.

Don Berenguer se corrió de la risa que este apodo levantó, y dixo: Señor Joan Fernandez, ese nombre mejor sería para vuestra merced, pues un tiempo usó la martingala en las calzas, quando se iba de cámaras de baxas coplas, que contra don Luis Milan trobó, que pullas las llamo yo. Respondió Joan Fernandez: Si el Milan dice que son pullas, yo lo otorgaré, y de otra manera no. Dixo don Luis Milan: Pues el Sr. Joan Fernandez se fia de mí, yo no digo que son pullas, sino repullones, y dígalo su excelencia, si fueron coplones lo que respondió á mis coplas, y séanos juez.

Respondió el Duque: Si yo tengo de ser el juez, para bien juzgar he de oir las dos partes cuando yo daré audiencia, que será mejor despues de haber cazado, porque los monteros traen los sabuesos que no los pueden tener de sentir los puercos, que no deben estar léxos; y en esto levantaron un gran puerco, y maltrató los perros que le asieron, y el Duque demandó una porquera y mató al puerco, y presentóle á la Reina con este requiebro:

Un muerto presenta á otro;
Que el amor
Mata y hace matador.

La Reina respondió al requiebro del Duque con una risa, y dixo, á mí me dicen: Je vus entendo ben. Y el Duque respondió: Y á mí me nombran Sans mal pensier; y porque es así como digo, qualquier de la compañía que mate caza, preséntela á quien quisiere y no á mí, por quitar de sospecha á vuestra alteza que la tomo para presentalla á damas; pues no quiero hacer presente sino á quien no soy ausente, que es á la Reina, mi señora. Levantóse un otro puerco muy fiero, y matóle don Luis Vique, y presentóle á la señora doña Mencía su mujer, con este requiebro:

Presento de lo que dais,
Muerto, pues que vos matais.

Dixo la señora doña Mencía: No sabía yo que fuese matadora, por esto el médico de nuestra casa no sabía decirme el otro dia qué mal era el de vuestra merced; agora veo que mejor están los amadores enfermos que estando buenos.

Dixo el Duque: Señora doña Mencía á esa razon no se le puede responder estando á las manos, sino á las lenguas en conversacion de damas, y no entre puercos. Yo me acordaré della á su tiempo, porque vuestra merced nos la haga de dárnosla á entender. Salió un puerco muy bravo que puso espanto á todas las damas, porque iba entre las mulas, y mató la de la señora doña Violante Mascó; y don Luis Margarite, su marido, saltó del caballo y púsose á las espaldas su mujer, y el puerco vino para ellos, y este galan le puso la espada por la boca hasta la empuñadura, y muerto el puerco, dixo este requiebro: