Cuando en vos me vi salvar
De la muerte que moria,
Nunca llegaré á pagar
Con esta muerte la mia.

Dixo la señora doña Violante, su mujer: No me ganaréis á requiebros más de lo que ya me habeis ganado, y respondió con este otro:

Si de muerte os he librado,
Fué porque vos me librastes;
Con lo que vos me pagastes
He pagado.

Don Pedro Mascó se fué con los monteros de ciervos, y no tardó mucho á venir con un ciervo que habia muerto, y trúxole con los cantores del Duque que delante dél venian cantando: Sicut cervus ad fontes aquarum, viene el ciervo del marido que su mujer le ha herido.

Dixo la señora doña Castellana, su mujer: Señor don Pedro, el que hizo ese cantar muy gran verdad ha dicho, porque así como el ciervo herido va á las fuentes de las aguas, con el mismo deseo viene el marido á su mujer, si della ha sido herido ántes de casar.

Dixo el Duque: Señora doña Castellana, guardemos esa razon, que hay mucho que decir, para la conversacion que se terná en la comida desta caza, que yo la sacaré por postre, pues á vuestro marido le dió tan buenas primerías.

Dixo la señora doña Hierónima, mujer de Joan Fernandez: Señor Duque, su servidor y mi marido he visto de aquí trabado con un puerco al pié de aquel montecico, y parésceme que su caballo está mal herido; mándeme dar un caballo y una lanza, que yo le quiero socorrer. Héle allá, agora le veo, y está á pié, muerto debe ser su caballo. Socorrieron el Duque y todos los caballeros, y hallaron á Joan Fernandez á caballo sobre el puerco, asido de las orejas con la mano izquierda, y con la derecha dándole de puñaladas, que ya le tenía casi muerto, caido entre sus piernas. Levantóse de tierra y vió venir con el socorro á su mujer, con un caballo y una lanza á la jineta; y como su marido Joan Fernandez la vió venir de tal manera, rióse v díxole: doña Hierónima, ¿á quién veníades á socorrer, á mí ó al puerco?

Y ella le respondió: Yo os respondo con lo que dixo el Duque de Ferrara en un socorro que hizo á los franceses contra los españoles en la batalla de Rávena, que viendo los dos campos muy trabados y perdidos, para acaballos del todo, mandó desparar su artillería á todos y dijo: Tutti son inimici.

Rieron mucho y Joan Fernandez respondió: Señora mujer, pues decis que á los dos teneis por enemigos, á mí y al puerco, bien será que yo le presente á la primavera vuestra amiga, que nos terná por amigos, con este mote: