Guzm. Por el paje del mal recaudo, si lo conosceis.

Paje. Tan bien le conozco como á Guzmana de los afeites.

Guzm. Mirad el murciégano, traga-morcillas, con qué ojos me mira; él no tiene vista para ver los papirotes que le dan cara cara, y ve los afeites que yo no traigo.

Paje. No hablemos de mala vista, que el otro dia vi que os entrastes en casa de mosen Calamoja, por la grita que os dió un hombre, que topastes con él, haciéndole saltar la sangre de las narices, y él fué tras vos para ensangrentaros, y vos huyendo, os iba diciendo: A la lechuza, á la lechuza Guzmana de los afeites, encuentra-hombres, que no ve de dia.

Salió don Francisco y díxole: ¿Qué alboroto es éste, Guzmana, con el paje del mal recaudo? ¿entendeisos los dos?

Respondió Guzmana: El diablo le entienda á este pan perdido, mendrugo de casas, que, de bellaco, ratones no quieren comer dél; revesado de mesones, que yo me espanto cómo está en casa del Duque, si ya no es criado del secretario Sis.

Dixo don Francisco: Paz, paz, con que no la hagais de boca, que engendraréis como víboras, que mata la hembra su macho al engendrar: Que mi Guzmana y vos ponzoña sois los dos.

Vino don Luis Milan y dixo: ¡Ah señor don Francisco! hénos aquí ya con nuestras damas; la señora doña Mencía os está esperando al cabo de la escalera, que no se alcanza esto de damas. Mereceríades ser el ahorcado, y que os diese la vuelta, pues os haceis desear de quien sería mejor desealla.

Respondió don Francisco: Don Luis Milan, mucho mejor es hacerse desear, que no aborrecer.