Dixo don Luis Milan: Responda la señora doña Violante, pues es para responder por los dos.

Dixo la señora doña Violante: Cabalgue presto, y vamos á recoger la señora doña Mencía,

Que donde se puede perder,
Quien se hace desear,
Le vernán aborrecer.

Allegaron á casa de la señora doña Mencía, y díxole don Francisco: Señora, diera yo mil vidas por vella hecha leon de cabo de escalera, por morir á sus manos, pues se podria decir este mote que yo en una justa saqué:

Quien á vuestras manos muere,
¿Qué más quiere?

Respondió la señora doña Mencía: Señor don Francisco, bueno es hacer del enojado las damas, por oir un adobo de tal galan como vos sois; que de leona que estaba al cabo de la escalera, por vos tardar tanto os matára, sino que vemos por el letrero de las manos que nos habeis dicho que ya n’os queda vida para que se os pueda dar la muerte; sino, dígalo la señora doña Castellana, si es verdad.

Respondió la señora doña Castellana: Señora doña Mencía, nunca la he visto recibir engaño sino agora; y no es maravilla, que no son engañados sino los que no saben engañar. ¿No ve vuestra merced que don Francisco es el gato pajarero de nuestra vecina, que saltando tras pájaras por los tejados, aunque caya de muy alto, siempre cae de piés y queda sano? La señora doña Luisa se rie, díganos de qué.

Respondió la señora doña Luisa: Señoras, de lo que yo me rio es que pocos dias há me contaron este cuento de don Francisco; él iba haciendo el gato de noche, por encubrir el rumor que hacia en un tejado por donde pasaba á cazar pájaras, y resbalando cayó de muy alto sobre un gran monton de plumas de almohadas, que de ventura halló para acampar la vida; y dióse gran prisa de maullar, porque nadi se hubiese pensado que fuese gato; y como el ruido de la caida fué grande, subió la señora de casa para ver lo que era, y vió un hombre casi todo cubierto de las plumas, maullando, y díxole: ¿Quién sois vos, que maullais? y él conosciéndola respondióle: Vuestro gato soy, señora; y ella mandó secretamente que subiesen agua, diciendo: Echalde agua, porque no se me muera el gato, echalde agua; y quedó tan gato mojado, que nunca más ha maullado en amores.

El Duque vió venir las damas, y envióles el paje y dixo:

Su excellencia ha visto á vuestras mercedes de la ventana de su aposento, y mandóme que las guiase allá, donde las aguarda la Reina.