Dixo la Reina: Bien seais venidas, amigas mias; á esos caballeros que os han traido no digo nada, pues vienen á endechar, que el Duque mi señor quiere resuscitar hoy muertos, con una montería, que me han dicho que nos trae, de las damas y caballeros de Troya, don Luis Milan.

Dixo el Duque: Señora, no veo el hora cuando oirla, que Joan Fernandez me ha dicho que es muy buena; óyala vuestra alteza, y será poner gana á don Luis Milan para decirnos lo que sabe de los troyanos, y si de lástima vienen las damas á llorar, en oir la crueldad que los griegos tuvieron con las damas troyanas, quedarán piadosas, que no podrán reirse de los que matan de amores; y roguemos á don Luis Milan que lea, que ya está con la obra en las manos, esperando que vuestra alteza se lo mande.

Dixo la Reina: Don Luis Milan, por vida de don Pedro Milan, vuestro primo, que leais, que y’os prometo de oir de buena gana por ser la obra milana.

Respondió don Luis Milan: Con el favor de vuestra alteza será el obra del alteza que será, por oir quien la oirá.

Y dice así:

Damas salian de Troya,
A una montería van,
¡Cuán hermosa y cuán galan
Iba Elena!

Presa va d’una cadena
De oro fino, y de amor,
Por la saya al derredor
Bien labrada.

Toda va invincionada,
De rubís toda salió,
Pues que Páris la robó
A su grado.

Saya del oro tirado,
Pues d’amor tirada fué,
Cuando con Páris se fué
Para Troya.

En sus pechos una joya
Con un rico diamante,
Por aquel hermoso amante,
Amiga d’ella.