Respondióle don Diego: Mas ántes yo lo soy despues que moro con vuestra amistad, aunque más lo parescistes vos el tiempo que trujistes la turca de grana, que enojastes en traella á dos veranos de caliente y á tres inviernos de frio, que don Luis Milan se acordó desto en una copla que os hizo haciéndoos turquesa quando sacastes una ropa larga, de paño azul, como la que traen los pregonamuertos de la cofradía de Santiago, que si don Luis Milan la quiere decir y vos no os correis, seréis mucho de palacio.

Dixo Joan Fernandez: Sólo por paresceros cortesano sufriré papirotes del Milan, cuanto más coplas.

Dixo don Luis Milan: Bien será decilla, y no os corrais, que de color os mudais.

No se vió mejor empresa,
Ni azuleja más galana,
Tan turco sois con la grana
Como con lazul turquesa.

Azulejo, mi señor.
Turquesa contra caida;
No tengais ningun temor,
Que no caeréis de amor
En vuestra vida.

Dixo Joan Fernandez: Pues habeis empezado la escaramuza de coplas, vos seréis como Moriana, bien servida y mal contenta de mis respuestas; y recebid ésta con perdon que os hace búfalo, por ser animal que aborresce la grana, y á toda cosa que con ella está. Pues mi ropa azul aborrecistes por vos haber sacado tras ella mi turca de grana que me quisistes matar á motes cuando la traia, así como el búfalo quiere quitar la vida á quien la trae; y la respuesta que doy á vuestra copla es ésta:

Nombrar mi ropa azuleja,
De azulejo fué tomado,
Paresce que habeis sacado
Vestido de ropa vieja.

Turco y turquesa me heciste,
Corriste carrera vana,
Búfalo me parecistes,
Que lazul aborrecistes
Por la grana.

Don Francisco Fenollet, como no es muy amigo de cazar puercos, siguió á los monteros de ciervos, y vino con un ciervo cariblanco, que tenía el pié derecho negro, y cuando fueron en vista y oida de la señora doña Francisca, su mujer, venía delante del ciervo cantando Olivarte, cantor del Duque, este romance: