Aquel ciervo cariblanco
Que corre por aquel llano,
Quien fuere mi caballero,
Tráigamelo á la mano.
Dias há que yo ensoñé
Que mi mal no será sano
Si no me traen un ciervo
Cariblanco y rabicano.
Con el pié derecho negro,
Que no es de señal villano
Por la propiedad que tiene,
Que sabella no es en vano.
Quien comiere deste ciervo
De Cupido será hermano;
No le matará el amor,
Que no le dará de mano.
En acabar de cantar Olivarte, don Francisco le presentó á la señora, su mujer, y le dixo: Señora, con el romance que hice por servicio de vuesa merced, ántes de seros marido, os he presentado este ciervo cariblanco, que la ventura me ha hecho cazar, para que se cumpliese mi deseo de presentaros lo que yo represento.
Ciervo cazado del amor
Para ser vuestro amador.
Dixo la señora doña Francisca: Señor, si las señales no mienten, vuesa merced las tiene de buen marido, que hasta agora no tengo de qué quejarme, sino que anda mucho en burlas con Gilot.
Que á las veces salen véras
Las burlas que son terceras.
Dixo Gilot: Señora doña Francisca, totes les celoses son com á cigales, que en cantar una responen molges. La Reina ha comenzat lo cant, que de cels es un encant; y la señora doña Mencía fa lo contralt, que son marit ne stá malalt, y vosa merced es un tenor sospitos, que pijor es que la tos; y la seniora doña Hierónima lo contrabaix, puix son marit va tos temps baix en amors,
Que pijor es que dolor
De mal frances,
Baix amor en caballers.