Don Miguel Fernandez vió un ciervo no muy léjos de donde estaban, y dixo á la señora doña Ana, su mujer: Yo quiero ir á matalle como á servidor, y no como á marido, porque si lo presento á vuestra merced le tomará de mejor gana, pues yo le daré con mejor modo. Y tomó un arcabuz de un montero, y mató el ciervo y presentóselo con este requiebro:
Tenedme por recebido
Ciervo, vuestro servidor,
Y sabráos mucho mejor
Que de marido.
Dixo la señora doña Ana, su mujer:
No le tomára
Si como á marido le presentára,
Y en presentalle como á servidor,
Le tomo con más amor,
que, para conservarse la voluntad entre los casados, siempre ha de saber como á servidor el marido, porque no sea tenida en poco la mujer,
Pues en ser casada es olvidada,
Lo que no debria ser,
Que la guerra en la posada
Peor mal no puede ser.
Dixo el Duque: Señora doña Ana, porque no le responda su marido á esta plática, que ha menester hora más desocupada, dejémosla para despues de la comida por lo que se dice:
Lo que á muchos toca,
Con pocos no se platica.
Levantaron un puerco y vino hácia donde estaba don Baltasar Mercader, y tomó una lanza, y dixo á la señora doña Isabel, su mujer: En nombre vuestro le daré lanzada, porque no se me vaya; y mató el puerco, y dióselo con este requiebro:
Si con vos no le hiriera,
No muriera.