Respondió la señora doña Isabel:

No es tan mortal
Mi lanzada,
Pues que no puedo matar
Vuestro burlar.

Venía don Berenguer Aguilar corriendo tras un ciervo que habia herido al pié de un monte, á vista de todos, y vino á morir delante de la señora doña Leonor Gualvez, su mujer, y presentóselo con este requiebro:

Por vuestra vista murió
El que os miró.

Dixo don Luis Milan: Basilisco ha hecho el señor don Berenguer á vuesa merced, que mata con la vista.

Díganos en qué está muerto,
Que no lo entiendo por cierto;
Que en la carne está engordando
Y en su espíritu burlando.

Creo que esta muerte debe ser
Que murió de gran placer
Por haber con vos casado,
Y vióse resucitado,
Más sabido
Por habella conoscido.

Ya era mediodia, y el Duque mandó que cesase la caza, y dixo:

Buena caza habemos hecho,
Como hacen en cazar
Los que cazan para dar
A su provecho.

Hora será de comer,
Que ya espero esta comida,
Pues comer es para vida
Gran placer.