Dixo don Francisco Fenollet: ¿Trovador es vuestra excellencia?

Respondió el Duque: No soy sino perdedor.

Dixo don Luis Milan: Nadi pierde por otro sino por sí.

Replicó Joan Fernandez: En el merescer está el tener.

Respondió don Diego Ladron: Nadi meresce sino á quien se le paresce.

Todos allegaron con gran regocijo á la comida, que fué en Liria, y sentados que fueron á la mesa, dieron muy buen tocino con vino blanco y azúcar, y dixo el Duque: Gilot, muy buenos principios son éstos, del tocino de Aragon deben ser, que tú lo debes conoscer.

Respondió Gilot: Señor, gran merces del mot quem habeu donat; juheu me habeu fet, mas no so cobart, á un canonge ne fas part, ques diu Ester, que sé que lin fas gran placer.

El Canónigo le tiró un bofeton, y erró á él, y dió al paje del mal recaudo, y los dos para vengarse trujeron dos halcones muertos de hambre, y soltáronlos al Canónigo, que sin bonete en la cabeza estaba delante el Duque, y asidos dél le picaron en la calva y él gritando, y Gilot y el paje teníanle, porque los halcones estuviesen como en barra asidos con las uñas dél; y quedó tan ensangrentado que si el Duque no le socorriera, muerto fuera, y el paje le apodó, y díxole:

Señor mosen Agron,
¿Cómo os fué con mi halcon?