Y él respondió:
Y á vos, patge del ganget,
¿Cóm vos va ab lo meu bufet?
A ruego de las damas el Duque los perdonó, y mandó que no se desmandasen más de manos.
Sacaron unas aves asadas de tan estraño olor y sabor, que de no conocellas les pusieron nombre las desconocidas. El gobernador Cabanillas, por haber tomado el cargo desta comida, no le vimos hasta la hora del comer y dixo: Ninguno sabe el nombre destas aves sino yo, que de las Indias me han enviado dellas poco há, y en Benizano y Bolbait las hago criar dentro en los castillos, porque son de tan gran sentido que sirven por sentinelas, pues por poco ruido que sientan de noche dan grandes voces, y hace la guardia una dellas despierta, como está la grulla con la mano alta y una piedra en ella, miéntras las otras duermen, porque si se aduerme, al caer de lo que tiene entre las uñas despierta, y desta manera no puede dormir, que por esto no me ha de tener en poco su excelencia de las muchas que yo he traido aquí, teniendo la propiedad que tienen para centinelas, que guarda fuerzas se debrian nombrar, y no el nombre que tienen.
Dixo el Duque: Cabanillas, nadi alcanza lo que vos, pues alcanzais hasta las Indias á tener lo que dellas no alcanzan reyes. Decime, por vida de la Reina, mi señora, qué nombre tienen, si es tan bueno como el que vos les habeis puesto.
Respondió Cabanillas: Señor, soy contento; el nombre dellas es perdizajeras.
Dixo doña Hierónima, la mujer de Joan Fernandez: Esto, perdices son con ajos, que el nombre se lo dice, pues nombrando una que se dirá perdizajera, lo dice claro.
Rieron mucho de la burla de Cabanillas, y el Duque le dixo cómo las habian aparejado; y él respondió: Ponen dentro dellas agiaceite, de manera que no pueda salir, y al asar incorpórase todo en la perdiz, y queda tan desconoscida como conoscida de la señora doña Hierónima, por ser muy enemiga de los ajos, que su marido no los osa comer en su casa, porque un dia le corrió con el majadero que los habian hecho y arrojóselo; y él vino huyendo á mi casa, á hora de comer, hediendo á los ajos y díxome: Señor, acógeme en vuestra mesa, que huyendo vengo del majadero, que nunca estuvo más donoso en su vida, por los donaires que aquel dia dixo, y fueron tales, que doña Elena, mi nuera, le puso nombre Joan Donaire.