SONETO. 4. 7.
Tan triste estoy, que vivo muy mal sano,
No sé si son mis pensamientos sanos,
Quizá es mejor morir de vuestras manos,
Las que me dais, pues que me dais de mano.
Pues vos sabeis cuál me será más sano,
Mejor será dejarlo en vuestras manos,
Que yo no haré lo que suelen villanos,
Que si les dan toman dedo y la mano.
Yo sé muy bien, si en tal caso se viese
Vuesa merced, si fuese caballero,
Que dedo y más de tal mano quisiese.
Que por mandar aquel César primero,
Tuvo por ley, que ley no se tuviese,
Que por mejor se muda ley por fuero.
Dixo don Francisco: Vengar quiero á Joan Fernandez con este cuento que diré: Una noche estaba en una calle escuchando á don Diego, que decia los amores de Audallá á la criada de una dama que servia, y díxole: Dadme el dedo, que no tomaré la mano, pues no soy villano; y ella fiando dél dióle el dedo y él tomóle la mano, que fué parte para subir donde estaba. El señor sintió ruido, y reconosciendo casa topó con don Diego, que con una sábana se habia envuelto gritando: Alma soy que voy en pena, y el señor le soltó un perro de ayuda diciendo: Cómete esa alma, que un perro comerá otro, y vos saltastes por la ventana y el perro tras vos, haciendo tan gran alborote, que las damas del vecindado salieron á las ventanas con lumbres, y conosciéndoos dixeron: Señor don Diego ensabanado, ¿cómo vais aperreado? y vos respondistes: Quien tras perras va aperreado será; y las criadas d’ellas en veros os dicen, don Diego ensabanado.
Dixo don Luis Milan al Duque: Señor, si más salen cuentos, yo no sacaré sonetos. Y todos dixeron que no dirian más.
La Reina dixo: Don Luis Milan tiene razon, que cuando la música es de caballero, hase de escuchar si ya él no quiere hablar.
Y él dixo este
SONETO. 4. 7.