Cabellos principian, cabellos fenecen
Mis altos cuidados de vida y de muerte,
De tales cabellos se cuelga mi suerte,
Que matan al oro y al sol escurecen.

Mi vista se altera mirándome en ellos,
Del todo turbado ni veo ni atino,
De mucho atinaros estoy tan sin tino,
Que vengo á estar léjos estando cabellos.

Los rayos de Febo si ciegan no matan,
Mas vuestros cabellos me matan y ciegan,
Son rayos que pasan, traspasan y allegan,

Á ojos de un alma, que con ellos atan.
De cada cabello me veo colgado,
Temiendo no quiebre de muy desdichado.

Mortal dolor con quien amor tormenta,
No me tormentes, dame algun sosiego,
Pues siempre otorgo por más que reniego,
Que soy de amor perdido á mi cuenta.

Soy como aquel que tienen al tormento,
Y estando en él, del gran dolor se aduerme,
Así me sigue para sostenerme;
Pensando en vos se aduerme el sentimiento.

Cruel amor, no tal, cual es tu nombre,
Manda al dolor, que más no me tormente,
Que aquella parte en mí que más te siente,

Muere y revive por quedar más hombre,
Que buen pensar es gusto que descansa,
Y en los tormentos su dolor amansa.

Allá me voy, á dó el amor me guia,
Soy como aquel que va en su pensamiento,
Qu’está muy fuera del conoscimiento,
Sino d’aquel que está en su fantasía

¿Pensando en vos quién ha de estar en sí
Que por idea en vos no se transforme?
Estoy sin vos, y en vos tanto conforme,
Que voy conmigo, y nunca voy en mí.