Ni pié ni mano, la boca ni l’ojo,
No mandan ya, pues tal señora reina,
Reinas en mi tan absoluta reina,

Qu’en mí es placer aquello qu’es enojo
Ó bien ó mal, avenga como quiera,
Vos sola sois mi voluntad postrera.

Yo voy buscando todos los lugares,
Para miraros si podria veros,
Y en descubrirme no quereis volveros,
Y hállome vuelto para ver pesares.

No sé yo cómo pueda sostenerme,
¡Miraros siempre y vos nunca mirarme!
Bien podrá ser que amor pueda cegarme,
Mas nunca hará qu’en vos no pueda verme.

Dos ojos tengo y son para llorar,
Pues que no ven lo que ver querrian,
Dos rios son que siempre correrian,

Si dellos fuese vuestro amor la mar;
Y aunque éstos pierda, vuestra merced crea
Que tengo mil que os miran por idea.

SONETOS INTERCALADOS.

Á todo el mundo doy de mí descargo
Del bien que os quiero y mal que me quereis;
Ya veis, señora, lo que vos haceis,
Que de mi muerte tengais tanto cargo.

Dirán de vos que fuistes matadora,
Y vos diréis que yo mismo me he muerto,
Dirá el amor en tal caso lo cierto,
Qu’en vos estaba ser remediadora.

Sé que diréis que no pudo haber medio
Entre mi mal y vuestra gran bondad,
Todos dirán que en vuestra piedad