El otro dia no vieron el hora cómo acudir y acudieron muchos caballeros y damas á esta sala-córte, que se tuvo en la sala mayor del Real, donde el Duque y la Reina se pusieron sobre un teatro de quince gradas en alto, y los caballeros en un cadalso y las damas en otro, y el Duque proponiendo, dixo: Señores, Valencia está muy infamada por todo el mundo, de muy desamorada, que ningun amor hay en ella; para que se cobre el amor y la fama della, fuy de parescer que, á voluntad de todos los que aquí están, se hagan leyes para que las damas sean bien servidas, y los caballeros que lo habrán menester sepan en qué las han de servir, y diga cada uno de qué está agraviado del otro, y concertados todos haráse ley sobre ello.
Comenzó don Rodrigo de Borja, y dixo: Yo estoy agraviado d’esto que hacen las damas, no dan crédito en amores que caballero tenga amor, y hanse vuelto burladoras, y el galan más burlador, que perdido el crédito se pierde el amor.
Respondió la señora doña Ángela de Aragon y del Milan, condesa de Almenara, y dixo: Señor don Rodrigo, si las damas lo son, no han de sufrir á los caballeros que digan á la que sirven requiebros sin sospirar, que es indicio de burlar, ni ménos se requiebren sino con sus damas; que l’amor que es chocarrero, no sospira y es parlero.
Sobre esto hizo el Duque esta primera ley:
Lo que está en ley sea ley
Que sospire el servidor,
Y si no es sospirador,
Tenga con su dama ley.
Y será la que y’os digo
Que requiebro nunca diga,
Sino sólo á su amiga,
Sino, denle al enemigo.
Dixo don Diego Ladron: yo estoy muy agraviado de la mala condicion que las damas tienen, que siempre nos muestran zuño, que nublos de piedra son zuños de mala condicion, y temiendo de pedradas huimos de nuboladas.
Respondió la señora doña Mencía Manrique: Señor don Diego, merescen ser apedreados y ver zuños muy nublados los que tienen tan poco miramiento, que sin saber la condicion de su dama la sirva el caballero, pues es cierto, quien contra condicion irá, piensa servir y enojará.
El Duque rió mucho de los zuños nublados, y hizo esta segunda ley:
Deben saber la condicion
De cualquier servida dama,
Para bien servir quien l’ama,
Pues está mucho en razon.