Nadi sea desleal
En obrar, mirar, ni hablar,
Que traicion es en amar;
Vamos todos al igual.
Y para muy justa ser
Tengan libertad si quieren,
A quien ley no le tuvieren
Que no la haya de tener.
Dixo don Luis Margarit: Señora doña Hierónima, pues me hizo encensero, yo quiero encensar para humo quitar entre damas y caballeros; Cupido me aparesció esta noche pasada y díxome: Tú has de proponer mañana en la sala-córte un agravio que se hace muy grande en los amores, que da ocasion de mucho mal y es éste; que los enamorados nunca deben reñir con sus competidores, por no dar que hablar á miradores echando juicios temerarios sobre las honras de las amadas y amadores, que la causa del reñir ha de ser para alabar y no infamar. Mas no deben negarse las cortesías á la italiana; háblanse sin tener gana por quitar mal decir y mal pensar, y la estrecha amistad no la deben detener, que es muy malo de comer, en la mesa, que es traicion ó gran simpleza. Que la dama no sea fia, de simple ó falsa compañía; y es de tener por mucho mal parecer.
Respondió la señora doña Hierónima: Ab molta raó he donat occasió que vossa merce parlas. No se puede decir más donde responder es ménos.
Al Duque le paresció muy bien, haciendo sobre esto esta quinta ley:
No paresce bien que sirve
Reñir con el competidor,
Qu’es locura ó poco amor
El que sirve si desirve.
Y da mucho que hablar
De lo que no es bien decir,
Y si debe de reñir,
Sea para más honrar.
Dixo don Francisco Fenollet: Un grande agravio quiero proponer por parte de la Vénus, madre de Cupido, qu’esta noche me vino en sueños y díxome: Mañana en la sala-córte has de proclamar que no se consienta mentir mal, sino bien, en los amores; yo le dixe que me dixera cuál era mal ó bien mentir. Respondióme: Aquel es mentir bestial, qu’es causador de mucho mal, y el que mal no puede hacer es mentir para placer. Entendido que hube que hay buenas mentiras, yo desculpé á Joan Fernandez de sus cuentos, pues no son yerros, aunque lo son por ser de baja nascion, que de bajos podrian ser contrabajos de música desentonada, pues que todos son risada para bocas de reir, que se rien sin sentir, como papagayos son risueños sin intencion.
Dixo la señora doña Violante Mascó: Si supiese quién sana de mucho reir querria desto sanar, para no dar que hablar si rio de no sentir, qu’es peor que mal pensar.
Dixo el Duque: Tan bien me ha parecido lo que ha dicho la señora doña Violante como todos lo verán en esta sexta ley: