Doña Isabeth. Senyor Canonge, dexeu burlas á part, ¿trobaria en son poder un poch de tortugat? ¿que volen los metges, quem prenga una novena?

El Canonge. Senyora doña Isabeth, ¿trovaria yo en poder de vosa merce un poch de codonyat pera guarit de unas cambres que man vengut del mals mots de vostre portador?

Doña Hierónima. Senyor Canonge, yo he sabut del vostre mal, que son cambres de cels que teniu de la vostra Corbina, mare del vostre fill Corbinet Ster. Yous enviaré mel rosada alexandrine, qu’es millor que lo codonyat que demanau.

Joan Fernandez. Señor Canónigo, tiznado os sois parado en nombraros á vuestra negra Corbina, que de tal molino, tal harina.

El Canónigo. Senyora doña Gracia, encara que vosa merce sia filla de la senyora doña Isabeth y nevoda de la senyora doña Hierónima, responga per mí á estos mots quem ha pegat. Que en son cas y lloch, ab una filla es bó vengarse de una mare, y ab una neboda de una tia.

Doña Gracia. En verdad que no teneis razon de quejaros, que motes de damas favores son. Si no dígalo don Diego Ladron.

Don Diego. Señora doña Gracia, el Canónigo me parece que ha venido á trasquilar y queda trasquilado, como carnero sardo de cuatro cuernos, que de la tisera queda bravo, que no hay rodela que lo espere; si me empresta la que trae á cuestas, yo le esperaré.

El Canonge. Don Diego, Esperaume ab lo broquer de roble queus ha portat vostra muller, y sil vos pase, restar vos han los corns del meu moltó per llesió, y á Deu siau, que allá en la sala tindré camp á vostra gala.

Don Diego. Dalde grita, pajes; dalde grita: Al lobo, al lobo, gibalgaba, mandafiestas, tartugote, carnero sardo, gurrion pelado.

El Duque. ¿Qué es esto, Canónigo? ¿Qué grita es la que siento? ¿Cómo venis mudado de color?