Este otro que viene es Menalao, griego, rey de Lacedemonia, marido de Helena, la que robó Páris, troyano, hermano de Héctor, en recompensa del robo de Hesiona, hermana de Priamo, rey de Troya, que Hércules Griego robó á los troyanos. Qué bien invincionadas y ricas armas que trae, con relieves de oro de martillo, que hacen unos corazones abrasados sobre brasas de fuego de esmalte de ruchicler. Y el mote dice: Corazones abrasados arden hasta ser vengados.
Agora entra el muy fuerte Achílles, griego, hijo de Peleo, rey de Tesalia, que mató á Héctor y Trohilo en la guerra de Troya; envidiado de Alexandro Magno por la pluma de Homero, que muy altamente de sus hazañas escribió. Mire las más fuertes y ricas armas que se han hecho fabricadas de Vulcano. Y el mote dice: Las mejores que se halláran si á Policena armáran.
Este que agora viene es Ajaz Telamon, griego, hijo de Hesiona, hermana del rey Priamo, y la que Hércules Griego robó de Troya. Fué tan fortísimo en armas, que puso espanto á Héctor cuando los dos combatieron y se vinieron á conocer por primos hermanos; de quien Héctor, siguiendo el costumbre antiguo, tomó el Baltheo, que es el militar, y él le dió un cuchillo que Ajaz se mató con él, porque los griegos, demandando Ulíxes y él las armas de Achíles, despues de muerto, las dieron al tímido Ulíxes y las negaron al muy temido Ajaz. No sin gran propósito debe traer sobre las armas aquellos animales que la hembra mata al macho al engendrar, y los hijos matan la madre al nacer, que son víboras. Oya el letrero lo que dice: Víbora es mal parescer; lo que muere al engendrar, mata al nascer.
Diomedes, el muy valeroso y sabio griego, hijo de Thideo es este que ve, que despues de muerto Achíles y Ajaz era el más valiente y osado de los griegos. Mire qué ricas y bien invincionadas armas que trae, con muchos ojos cerrados por todas ellas. Y el mote que dice: A ojos cerrados se han de mirar cuidados.
Ya que todos fueron entrados, estando donde hablan de combatir, hecha que fué la señal, vinieron con muy gran saña uno para el otro, el rey Priamo, troyano, y el rey Agamenon, griego, y en haber rompido sus picas pusieron mano á las espadas, que gran espanto ponian los golpes que se daban, y el Duque mandó señalar al trompeta porque las damas habian perdido la color de sus caras de la ferocidad dellos, y cesaron de combatir.
Luégo tras éstos vino al palenque el invincible Héctor, troyano, con muy gran braveza contra el ferocísimo Achíles, griego, y diéronse tan grandes encuentros de picas, que la tierra que pisaban temblaba; y poniendo mano á sus espadas, salian tan grandes centellas de fuego de los espantosos golpes que se daban, que las damas, de temor de ser abrasadas, señalaron al Duque, y el trompeta señaló y cesaron de combatir.
Vino como un bravísimo toro agalochado al palenque el rey Menalao, griego, marido de Helena, contra el muy fuerte Páris, troyano, que lo esperó con más ferocidad que ira, por tenerle su mujer, que el agraviador debe ser defendedor. Rompió Menalao las tres picas, que bien mostró estar picado, y daba tan fuertes golpes, que Páris se desapiadó; y viniendo á las espadas, hicieron tales cosas, que si el uno mostró ser hermano de Héctor, el otro peleó como Achíles; pues la mayor parte de las lumbres se mataron del aire que movian los grandes golpes que se daban. Señaló el trompeta, y el combate dellos cesó.
Vinieron dos tan furiosos al palenque, que bien mostró la honra no tener respeto á parentesco, y era Trohilo, troyano, y Ajaz Telamon, griego; diéronse tan grandes golpes de pica, que Gilot, de gran miedo, se echó á los piés del Duque, y dixo: Señor, llansau diables de vostra casa, que axó no son homes. Y el canónigo Ester se puso en las espaldas de la señora doña Hierónima, y díxole: Señora, nos troba al cor sino aun lo te l’amor; y viniendo á las espadas, tan grandes fueron los golpes que se dieron, que Héctor dixo: No pelean como primos aunque son primos hermanos; y el trompeta señaló y dejaron de combatir.
Los postreros fueron Enéas, troyano, y Diómedes, griego, que del golpe de la primera pica dió con la rodilla en el suelo, y á la segunda que rompieron, Enéas perdió un paso de tierra, y á la tercera pensaron caer. Pusieron mano á las espadas, y los golpes fueron tales, que de temblar todo aquello, algunas gorras, que damas traian en las cabezas, cayeron. El Duque mandó señalar al trompeta y dejaron de combatir uno á uno, y arremetieron cinco á cinco, unos contra otros al palenque, y de la gran furia dieron con él en tierra, que temblando estaban las hojas de los árboles. El grande aire que levantaron del combatir, la mayor parte de las lumbres mataron; las damas se pusieron detras sus caballeros; el Real pensaron que cayera del terremoto que sintieron, que paresce que el mundo se hundia de la cruel batalla y grandes golpes que se daban, que jamas sintieron el trompeta que señalaba que cesasen; y estando en esto se pararon como encantados, porque entró Apolo tañendo con su cítara, que compuso para representar á la dulce armonía que los siete cielos de las planetas hacen. Este fué un gran sabio de Grecia, y el primero que halló el arte de la medicina; tuvo un hijo que se decia Astrolapio, que amplió mucho esta ciencia; murió herido de rayo celestial, y la gente bárbara quemó todos sus libros, y de allí adelante no quisieron más medicinarse, creyendo que Dios le habia muerto porque daba veneno mezclado con la medicina, y por esto no la usaron por tiempo de cien años, hasta que Athanases, rey de Persia, que fué docto en ella, la resucitó. Este Apolo fué aplicado al cuarto planeta, qu’es el sol, despues de muerto Entró en esta fiesta con la ninfa nombrada Syringa, que tan dulcemente cantaba, como él con la cítara tañia. Fué de tan gran suavidad esta música por lo que representaba y los efectos que hace, que hizo cesar la gran batalla de los troyanos y griegos. Representaron á Syringa y Apolo muy al natural dos grandes músicos, que cantaron los romances que oiréis, y el primero es del rey Priamo de Troya, que es este presente