No alcanzo un válaos Dios,
De caida tan mortal,
Que llorando para dos,
De no hacer señal en vos,
En piedras hacen señal.
Son tan grandes mis enojos,
Que sangre vengo á sudar,
Y me siento distillar
Agua amarga por los ojos.
De mí tiene piedad
Cualquïer fiero animal,
Qu’en tan grande crueldad,
En todos hay caridad,
Y en vos nunca, por mi mal.
Señor Joan Fernandez, muy gran menoscabo de mi honra sería sufrir que aquella que está siempre en mi pensamiento, que yo hice pintar, la dexe estar en quien, ni viva ni pintada, la quiere tanto como yo.
Respondió Joan Fernandez: Don Luis Milan, ántes moriré que yo otorgue lo que decis, ni consienta lo que vos quereis, y pues nadie la puede querer más que yo, no está bien que esté sin mí quien no puede estar sin ella.
Dixo don Diego Ladron: Yo quiero responder á lo que el señor Joan Fernandez dixo quando vió el retrato de su dama en mi poder, que holgaria mucho de saber cómo habia venido á mis manos; y ha de saber que visitando un dia su mujer con una dama que á su casa habia traido, nos contó la question que tuvo por ella con el señor Joan Fernandez, que aquí nos ha contado, y llorando me rogó que le sacase una diablesa que pintada tenía en casa; yo díxele que la mostrase y sacóla, y en ver el retrato, conoscí quién era la dama y llevémela, y así ha venido á mi poder; que no querria causase enojo entre sus competidores la que da en miralla tanto placer á sus servidores; y para escusar que no viniésedes á las manos, querria veros á las lenguas, con lo que diré; que entreis en campo los dos á daros de motes, y serémos jueces don Francisco y yo, y el que mejor nos parecerá que lo ha hecho, se lleve el retrato: pareció tanto bien á todos, cuanto parece mal reñir los competidores, que el competir descubre quién sabe servir. Comenzó los motes don Luis Milan, y dixo:
Señor Joan: Si tan bueno fuésedes en casa como en calle, n’os hubiera puesto nombre vuestra mujer, Encasamalo.
Respondió Joan Fernandez: Señor don Luis, si tan bien acabásedes en los amores como empezais, n’os hubieran puesto por nombre las damas, Enmalacaba.
Dixo don Luis Milan: Señor Joan, dicho me han que sois en amores perrigalgo, que levantais liebres y otro las mata.