Pocos irán de su manjar contentos,
Pues es comer muy tarde digirido,
El nombre dél se nombra dolorido
Por dar dolor de muchos sentimientos.

Al que darán manjar de venturosos
Muy buena pro terná de su comida,
No morirá del mal de enamorado;

Que d’este mal mueren presumptuosos,
Que es condicion jamas no digirida,
Que bien sufrir de todos es loado.

Dixo don Diego Ladron: Don Luis Milan, tales son vuestras cosas que á Joan Fernandez matais de envidia mala, y á don Francisco dais la vida de envidia buena, porque la mala quiere deshacer lo bueno de todo, y la buena no quiere gastar lo qu’es de alabar; al uno haceis hacer cara de perro cuando regaña de envidioso, y al otro cara de papagayo risueño.

Dixo Joan Fernandez: Don Diego, pues apodastes nuestras caras, yo’s apodo la vuestra á cara de truhan pedigüeño, que no se la pueden ver de zuño quando no le quieren dar lo que pide. Demandásteme unas espuelas, y si fuera freno n’os lo negára, pues lo habeis más menester.

Dixo don Francisco: Don Diego, vos habeis hallado lo que buscábades, que buscando lo que no conviene se halla lo que no cumple, como halló un truhan que iba buscando los cinco piés del carnero, y él no tiene sino cuatro, porque un médico le habia dicho que si le hallaba y comia dél sería muy donoso; y pensando dónde le podria hallar, díxole un otro truhan: Yo he comido dél, y por esto soy más donoso de lo que ántes era, tú le hallarás en su lugar donde yo le hallé, que fué en una cocina de frailes; y creyéndole, entróse por ella vestido como fraile á hora de comer, y reconocia las ollas si le hallaria, y viniendo los que servian y viendo que no era el cocinero del monesterio, lleváronlo delante del superior dellos, y sabido todo el caso por que era venido, mandóle desnudar y dar disciplina: y cuando le azotaban decíanle: ¿Que buscábades, don ladron? y él gritando decia: El cinquen pié del carnero; y respondian dándole: Ya le teneis, ya le teneis, id para donoso. Fuése desnudo huyendo, y topó con el médico que le habia aconsejado, y díxole riendo: ¡Oh, cómo estás donoso! tú debes haber comido del pié que te dixe; respondióle el truhan: Tal pase por tí; y contóle todo lo que le siguió; y el médico le dixo: Agora ternás que contar para hacer reir con el pié del carnero que te dieron á comer los frailes. Yo creo, don Diego, que, segun sois donoso, vos habeis comido dél, que muchas veces le vais á buscar.

Respondió don Diego Ladron: Don Francisco, mejor puedo yo deciros donoso que vos á mí, que dese pié que decis que voy buscando andais vos coxqueando, como acontesció á un caballero aragones en Barcelona, que en este cuento oiréis: Siendo visorey don Fadrique de Portugal, mandó que ningun cojo anduviese de noche por la ciudad, porque muchos lo hacian para engañar, y como una noche topase uno, mandóle llevar preso, y era el caballero aragones, que competia con él en amores, y díxole: Señor visorey, vení conmigo á la prision, pues estamos los dos en ella por amores, que del pié que yo coxqueo coxqueais vos tambien; dixo el Visorey: Soltalde,

Que harto preso está
Quien d’amores cojo va.

Don Francisco, teneos por entendido que dos de un mal se conocen por señal; dejadme revolver con don Luis Milan sobre el postrer soneto que nos ha dicho, que no se ha de tratar poco de lo mucho ni mucho de lo poco. Oidme, don Luis Milan: Vos decis en vuestro soneto que del mayor hasta el menor convidais á todos, para comer con Vénus y Cupido, y gustarán guisados descontentos; comeos vos solo tal guisado si mal provecho ha de hacer; mesonero catalan debeis de ser en amores, que dais mal á comer y haceisos pagar á vuestro placer.