Dixo don Luis Milan: Yo he convidado de lo que Cupido da á comer á los que maltrata, que pocos irán de su manjar contentos, pues es muy tarde ó nunca digirido en el estómago desdichado; y si alguna vez, del mucho calor enamorado, lo viene á digirir, para estar contento ha de ser con grandes trabajos que muelan el ahito desdeñado, untándose con el ungüento que le nombran «el porfiado», compuesto por la receta que dice, porfía mata venado.
Esta es la comida de los desdichados, que por estar muy descomidos, para que no pierdan del todo el apetito del contento y desesperen, se les da una postre italiana, que la nombran: Qui la seque la vince, y á los que darán manjar de venturosos muy buena pro ternán de su comida, pues no morirán del mal de enamorados, que le nombran morrion; pues desto mueren presumptuosos, y no los humildes que lavan su cara con agua de alegría de lágrimas de placer, que da tan buen olor, más que el agua almizcada, pues el almizque della es buen modo, y el algalia crianza, y el ámbar agradescimiento; que la almizquera italiana la compone de la recepta que dice: Humil amante vince dona altiera. Lo que en todos los soberbios es al contrario, pues tienen condicion para hacer estómagos acedos, que bien sufrir de todos es loado, y no como vos, que siempre sois tan mal sufrido como aborrescido.
Dixo don Diego Ladron: Don Luis Milan, ¿n’os acordais de los amores de Belerma y Durandarte? que siendo desterrado por mandado de su emperador Carlo, y volviendo á la córte perdonado, halló á Gaiferos servidor de Belerma, sin haber dado él ocasion, y quejándose desta traicion, dejó de servirla, diciendo:
Que por no sufrir ultraje
Moriré desesperado,
mostrando que la dama ha de mostrarse enojada si la sirve otro caballero, si ya su servidor no le ha dado ocasion para despedille si le ha sido desleal; y si esta culpa no tiene y su mucho amor le hace volver á servirla, ha de ser con gran arrepentimiento de su dama, y pues ella causó la pena, debe traer en un letrero este mote: Digo mi culpa. Pues ya veis cómo por esta ley de agradecimiento que se tenía en aquel tiempo, no era bien qu’el caballero desdeñado fuese bien sufrido, pues sabeis que y’os visité estando doliente en la cama, deste mal, y dixísteme una glosa vuestra á este villancico que dice:
Desdeñado soy d’amor,
Guarde os Dios de tal dolor.
GLOSA.
El mayor mal de los males
Que el amor nos da á sentir,
Lo que no pueden sufrir
Los más simples animales,
Es tan malo de pasar,
Por ser esta mar mayor,
Que me vengo ahogar
Cuando yo quiero cantar,
Desdeñado soy d’amor.
Es mi vida ya un poca,
Si della querrán saber,
Que en el gesto se ha de ver
Cuando está muda la boca.