[367] Porque tales desbragados quedaron de suerte, que dejaron ver aquello en que dió el sol al don Bueso del antiguo romance.

[368] Sobre la frase muy falsos quedó nota en el tranco V (123, 4)[315].

[369] Modifica por donaire el conocidísimo refrán Siempre quiebra la soga por lo más delgado.

[370] Por barba, como dice nuestro Diccionario, equivale a «por cabeza, o por persona». Así, como pudieran decir unos soldados cristianos, convidándose a matar moros, ¡A moro por barba!, dijeron valientemente unos aficionados a la mesa: «¡A perdiz por barba, y caiga el que caiga!»

[371] ¡Favor a la justicia!, porque éste era de ordinario el grito de alguaciles y corchetes, cuando no clamaban «¡Favor al Rey!», de lo cual vino el decirse que tales ministros siempre llevaban el Rey en el cuerpo.

[372] Coger, dar, hacer o tomar puntas es volar el ave de cetrería de un lado para otro, en diversas direcciones, pero subiendo siempre, en espera de sazón para caer sobre el animal en que quiere hacer presa.

[373] Para Covarrubias, rollo era «la picota o horca hecha de piedra en forma redonda, quasi rótulo». El Diccionario de la Academia lo define: «Columna de piedra ordinariamente rematada por una cruz, y que en lo antiguo era insignia de la jurisdicción de la villa». El rollo de Ecija, fué, como afirma Vélez, celebradísimo, y así, decía cierto poeta apicarado del Romancero general (fol. 470 vto.):

«De Cordoua he visto el Potro,
que ha engendrado pocos asnos;
también la fuente del Toro,
que hizo a Lazarillo cauto;
de Ezija he visto el rollo,
que el mundo celebra tanto,
el Arenal de Seuilla
y Corral de los Naranjos.»

Don C. Bernaldo de Quirós nombra como aún existente el rollo de Ecija, en su interesante librito intitulado La Picota (Madrid, 1907), pág. 13; pero ni lo describió, ni lo dió a conocer como otros, por medio del grabado, bien que no hubiera podido efectuarlo, por lo que ahora diré.

Como para estudiar las cosas de un pueblo debe empezarse—y Pero Grullo patrocinaría esta verdad—por consultar los libros que de aquel pueblo tratan, eso hice yo, y tomando el intitulado ¡¡Alfajores de Ecija!! (Sevilla, 1909), de mi difunto amigo don Manuel Ostos, leí en la pág. 68: «Potente y grande debía ser la curia ecijana, cuando el signo de la Justicia en Ecija, el altar en que se ofrecían los sacrificios a la diosa Justicia, el Rollo, con su hijillo el Rolluelo, que aún existe, o Mesa del Rey, como a los restos del Rollo denominábamos los ecijanos hace treinta años, tenía resonancia universal....» Y en otro libro del mismo malogrado autor (cuyo mérito no supieron apreciar los ecijanos tanto como debieran, quizá, y sin quizá, porque nemo propheta est in patria sua), en su Bartolomé de Góngora (Sevilla, 1913), pág. 84, volvió a recordar el Rolluelo, en unos renglones en que rebosa el amor a la patria chica, y que no resisto al deseo de copiar, por honrar a un ecijano moderno en las notas del libro de un ecijano antiguo: «¿Puede existir—decía Ostos—algo menos artístico que El Rolluelo, y que más nos recuerde la bárbara época en que usaban ese pimponote para colgar los restos de los pobres reos que eran descuartizados?... Cuando cansados de zascandilear por la capital nos metemos en el tren y tras parada y parada llegamos molidos y maltrechos a las angosturas de la Argamasilla, lo primero que hace un buen ecijano es asomarse a la ventanilla de su departamento, y, ojo avizor, desde ella va señalando los caseríos, los predios, los accidentes del terreno que señalan la proximidad de Ecija: «El Rolluelo ... La Casilla Alta ... El pozo de la Argamasilla ... Las arquillas del agua ...» Y luego, al minuto, si es de noche, se exclama: «Ya se ven las luces»; y si es de día: «Ya se ven las torres...: El Carmen ... La Victoria ... San Gil ... Santa María....» Y más adelante (pág. 69), por unos Apuntes de lo ocurrido en Ecija desde el día 23 de Septiembre de 1868, se viene en conocimiento de que el día 20 de octubre el Ayuntamiento acordó derribar, entre otras cosas, «la Mesa del Rey, o el Rollo, donde se descuartizaba en la antigüedad a los ahorcados para poner los miembros por los caminos». Y poco después: «Día veintisiete, se echa abajo el Rollo o Mesa del Rey.» No existía, pues, el famoso rollo de Ecija cuando el señor Bernaldo de Quirós escribió y publicó su libro.