«CARREÑO. ...Hasta que en una vereda,
con la grande polvareda,
perdimos a don Beltrane:
digo que a Madrid perdimos
de vista....»
Y, en fin, dejando atrás muchas otras citas, Quevedo, en su romance sobre los cuellos (Musa VI):
«Los polvos azules truje
del rebelado Flamenco,
y con la gran polvareda,
perdimos a don Dinero.»
[422] Refiérese, como nota el señor Bonilla, al título de ciudad concedido a Carmona por Felipe IV en 1630.
[423] Juega de la voz sereno, adjetivo en una parte y sustantivo en otra: que nunca le tuvo, es decir, que por ser Carmona de cielo tan sereno, no se conoce en ella el sereno o humedad atmosférica propia de la noche. A esto atribuye seguidamente el no padecerse allí el catarro.
[424] De la frase de comedimiento no conocer a uno sino para servirle traté en nota del tranco II (38, 14)[133].
[425] Aunque hoy, generalmente, llamamos la Giralda a la torre de la Catedral de Sevilla, este nombre no es sino el de la esbelta y por todos estilos airosa figura que le sirve de remate y veleta: una hermosa imagen de la Victoria. He aquí lo que de ella y de la torre dijo Alonso Morgado en su Historia de Sevilla... (Sevilla, Andrea Pescioni y Juan de León, 1583), pág. 285 de la reimpresión hecha por la efímera Sociedad del «Archivo Hispalense» (Sevilla, 1887): «...Toda ella [la torre] es quadrada, y cado un lienço en igual proporción de cincuenta pies de ancho y en vn mismo nivel de quadro, sin desmenguar ni crecer por la parte de afuera poco ni mucho en toda la altura donde vemos las campanas.... Desde el suelo hasta en altura de ochenta y siete pies es todo raso y sin alguna moldura. Mas desde allí hasta lo más alto, sube por medio de cada lienço vna orden de ventanas, y tantas galanterias, que hazen hermosissima la vista....» Trata después del cuerpo de campanas, y añade: «... y luego vna bola dorada de cinco pies de altura, y encima vna Victoria, que es vna hermosa imagen de bronze, en que se remata [la torre], dorada y a partes encarnada, do lo ha menester, que tiene de altura quatro varas y media de medir, y de peso veynte y ocho quintales, con vn ramo en la mano derecha, tambien de bronze, que pesa dos quintales, que en tanta distancia de altura le da mucha gracia. Y en la mano yzquierda, vna grande vela de quatro quintales, y también de bronze, que denota y señala qualquiera viento que corra y sople, tras la qual se va la misma Victoria con tanta facilidad y ligereza como si fuera vna pluma: tal es el artificio maravilloso sobre que está puesta.»
[426] Los últimos lugares del itinerario de Córdoba a Sevilla, según el citado Reportorio de Juan Villuga son:
«a la venta ronquera ij
a la venta peromingo j
a la venta de lorsa media
a las ventas de las talleras m
a las ventas de torre blanca j
a seuilla j.»
E igualmente en otras Guías o Reportorios que no hicieron sino copiar a Villuga, con tal cual ligera modificación, verbigracia, la Guía de caminos para ir y venir por todas las provincias de España que precede al Nuevo estilo y formulario de escrivir cartas missivas, y responder en ellas en todos géneros, y especies de correspondencia a lo moderno.... (Barcelona, Jayme Ossét, 1765).