[558] Como dice el léxico de la Academia, señalado de la mano de Dios es frase «con que se suele zaherir al que tiene un defecto corporal».

[559] Se dice nacido en las malvas del que tuvo humilde origen, y aun añaden tal cual vez criado en las ortigas. Góngora, en una de sus letrillas burlescas:

«Al que pretende más salvas
y ceremonias mayores
que se deben por señores
a los Infantados y Albas,
siendo nacido en las malvas
y criado en las ortigas,
cinco higas.»

[560] Por limeta nunca se entendió vaso sino genéricamente; es y fué siempre botella, redoma. Oudin, en su Tresor des devx langues...: «Limeta, vne espece de phiole de verre comme ce que l'on appelle á Paris un bocal.» Y Franciosini, en su Vocabolario, la da por equivalente de guastada o caraffa.

[561] Entre los vinos andaluces eran muy celebrados los de Alanís y Cazalla. Cervantes, en el El Licenciado Vidriera: «... ofreció a Esquivias, a Alanís, a Cazalla, Guadalcanal y la Membrilla....» Sería bien fácil citar veinte o más autores que celebran estos vinos.

[562] Como si dijera: de moho que tiraba a cecina. Quevedo, en la Visita de los chistes: «Y diles a todos los dones a teja vana, caballeros chirles, hacia hidalgos y casi dones, que hagan bien por mi....» Hacia, así antepuesto, es menos que semi y mucho menos que casi, porque no denota sino tendencia ó dirección.

[563] Llaman figuradamente sacar la sardina con la mano del gato a servirse de otro para que se arriesgue, o haga la costa, en costa de nuestra utilidad.

[564] De la proverbial valentía—o, mejor, valentonería—sevillana dije en el discurso preliminar de mi edición crítica de Rinconete y Cortadillo (pág. 71): «Mas ¡también singular cosa! con esa propensión al ocio coexistían, en los hombres de todas las clases sociales, una altivez y un como orgullo, provenientes en mucha parte de ser hijos de la magnífica ciudad, y aun de solo residir en ella, que solían traducirse, cuando no en actos de ostensible valor, en contiendas verbales llenas de interjecciones, pésetes, mentises e hiperbólicas amenazas, en que ponía lo menos el propósito de hacer daño a nadie, y ponían lo más la exuberancia de fantasía y la facundia retórica que da pródigamente a sus naturales aquella noble y privilegiada tierra.» Y añadí poco después: «Quien lo hereda, no lo hurta, y como de herencia tenían los sevillanos aquel decoro, y aquella noble arrogancia. «Todos, hasta los niños—escribía el bachiller Luis de Peraza, cabalmente hacia el año referido (1540)—, presumen de hombres, y andan con sus «espadicas» a los lados, y aun se las pegan a las veces con «el diablo». Con razón, pues, decía Castillo Solórzano en La Garduña de Sevilla y anzuelo de las bolsas, capítulo III: «... demás desto era un poco dado a la valentía, cosa en que pecan todos los más hijos de Sevilla que se crían libres como este que decimos». No había, pues, de ser una excepción de la regla la pobrería hispalense.

[565] Aquí parece aludir el Cojuelo a las seguidillas y villancicos en que los ciegos solían burlarse de él, como dije en nota del tranco VI (158, 4)[383].

[566] Hasta a los lirones, quiere decir.