«Tú, a quien ha dado la aurora
una celda y una ermita,
y sólo saben tu nido
las coplas y las mentiras;
tú, linaje de ti propria,
descendiente de ti misma,
abreviado matrimonio,
marido y esposa en cifra....»

[606] Afrenta de los miserables, porque, según la fábula, se abre el pecho para alimentar con su sangre a sus hijos.

[607] El capón de leche citábase como el más apetitoso de los manjares. Lope de Vega, en una epístola, hablando de la muerte:

«Tan presto se merienda los ayunos
como los hartos del capón de leche,
y pasados por agua sorbe algunos.»

[608] El Paular fué un famoso monasterio de Cartujos, en la provincia de Madrid.

[609] Acerca del le usado como dativo de plural quedó nota en el tranco V (131, 5)[327].

[610] Un antiguo romance de Bernardo del Carpio vulgarizó sobremanera lo que se suele llamar la ley del mensajero, en los versos siguientes, recordados por Cervantes en el Quijote (II, 10), y por otros muchos escritores:

«Con cartas un mensajero
el Rey al Carpio envió;
Bernardo, como es discreto,
de traición se receló.
Las cartas echa en el suelo,
y al mensajero ansí habló:
«Mensajero sois, amigo:
non mereceis culpa, non....»

En la escena II de la Comedia llamada Florinea, del bachiller Juan Rodríguez Florián (1554) dice Belisea al paje de Floriano: «... y en saber cúyo eres entiendo cúya será la carta, y en saber cúya ella sea, sé que busco de mi enojo su daño y tu perdicion por mensajero: dado que diz que los mensajeros no merescen culpa....» Y en la escena VI (fol. 23) dice la misma Belisea: «Vengas, paje, en buen hora: y porque de ley de mensajero no meresces pena, aunque no te limpias de la culpa....» Con todo esto, para tal exención el mensajero había de ser de casa extraña, porque del de la propia decía otra cosa el refrán: «Mensajero de casa, palos demanda.» Así, en el Diálogo de los pajes, de Diego de Hermosilla, escrito hacia el año de 1575, aunque nunca impreso hasta el de 1901, rogando Lorza a Godoy, criado del Duque, que recuerde a éste que ha de pagar cierta deuda, respóndele Godoy: «Id, señor, con Dios...; y en esotro, vos por carta se lo acordad al Duque, porque mensajero de casa, palos demanda; que sienten mucho que sus criados les traigan a la memoria ninguna cosa de las que ellos están obligados a hacer....»

[611] Así se acostumbraba volver la honra a los deshonrados injustamente, bien que el remedio, como dicen, solía ser peor que la enfermedad. Cuéntase—y lo tiene referido en una de sus comedias uno de nuestros mejores ingenios, no recuerdo cuál—que habiendo sido azotado injustamente un sujeto, él logró que se reconociese el error, por lo cual le sacaron en público a caballo y con chirimías, proclamando el pregonero su inocencia; mas con ello sólo se consiguió que todo el mundo le llamase el azotado, siendo así que antes del ruidoso desagravio muy pocos habían tenido noticia de la injusta pena.