[612] Esto de a furia me provoco es un ripio de cuyo uso pocos poetas del tiempo de Vélez se escaparían, ni él mismo quizás. Sólo de Lope, del gran Lope, versificador correcto y facilísimo, podrían citarse muchos ejemplos. Véanse dos. En el acto III de Contra valor no hay desdicha:
«REY. ...Di, villano, al otro infame
que mi nieto no se llame:
que a más furor me provoco.»
En el acto II de Dineros son calidad:
«CAMILA. ...Ya el mundo dello se admira:
que es, si a furia me provoco,
espada en manos de loco
lengua en la mujer con ira.»
Y a risa, porque lo que importaba era el provoco, para la consonancia con loco, poco, toco, etc. El mismo Lope, en el acto III de Santiago el Verde:
«CELIA. Yo, Teodora, haré muy poco
en dejarte un hombre tal;
pues a risa me provoco,
de ver que siendo oficial
tuviese intento tan loco.»
[613] Estos dos versos, estampados como prosa en la edición original, tienen curiosa historia. Cuando, antes de terminar el siglo XVI, ciertos percances amorosos de que fueron consecuencia algunos desahogos satíricos dieron con Lope de Vega, desterrado de Madrid, en la hermosa ciudad del Turia, compuso, entre otros romances, uno que se encuentra en el Romancero general, fol. 153 de la edición de 1604, y que empieza así:
«Hortelano era Belardo
de las huertas de Valencia
que los trabajos obligan
a lo que el hombre no piensa.»
Vulgarizóse la sentencia contenida en los dos versos últimamente copiados, y, corriendo el tiempo, al escribir en 1620 un largo romance para la conclusión de la justa poética celebrada con motivo de la beatificación de San Isidro, los parodió su mismo autor en la forma siguiente:
«En la glosa del soneto
fué mayor la diferencia,
porque el acabar en fruto,
adonde tan pocos quedan,
hizo buscar consonantes
que, aun referidos, disuenan;
porque un consonante obliga
a lo que el hombre no piensa.»