[624] Y la he de hacer de Evangelio. Juega de la palabra orden, dando a entender que siendo orden (mandato) de Madrid, la ha de convertir en orden (grado sacerdotal) de Evangelio, es decir, la ha de hacer tan verdadera (por lo bien cumplida) como el Evangelio.
[625] No, antepuesto a un subjuntivo, suele equivaler a no sea que. Quijote, I, 34: «Acaba, corre, aguija, camina, no se esfogue con la tardanza el fuego de la cólera que tengo....»
[626] Sacar a paz y a salvo a uno es, como dice el Diccionario de la Academia, «librarle de todo peligro y riesgo». Tal frase nació del objeto de aquellas escrituras en que, habiendo una persona, en otras anteriores o simultáneas, salido por fiador de otra persona, ésta se obligaba a sacarla con bien de cualquiera reclamación o procedimiento que con tal motivo se intentara o siguiera. Tales escrituras se llamaban de a paz y a salvo.
[627] Meterle a uno las cabras en el corral es, como dice el léxico de la Academia, atemorizarle, infundirle miedo.
[628] A este académico llama Vélez un estudiantón del Corpus, no como conjeturaba el señor Puyol y Alonso y decía el señor Bonilla, porque estudiase el Corpus juris civilis o el Corpus juris canonici, sino refiriéndose, tal cual lo notó Pérez y González, a su corpulencia y aspecto, lo mismo que pudo llamarle un gigantón del Corpus, por alusión a los que sacaban en la procesión del Sacramento, que por cierto solían ir vestidos con sotana, manteo y valona, a lo estudiante. «La paronomasia—añade el malogrado escritor hispalense—entre estudiantón y gigantón bien puede servir para hacer la frase sin que lo del Corpus tuviera más alcance, o acaso con la intención de referirse más claramente a la estatura y fortaleza, teniendo en cuenta que el estudiantón no sería pequeño ni desmirriado, cuando ofrecía «no dejar oreja de ministro a manteazos.»
[629] En el tan citado libro de Pérez y González, págs. 33, 41 y 140, hay para colmar las medidas al más deseoso de entender a derechas y cabalmente qué sea esto de graduado por la Feria y pendón verde. Se llamó de la Heria y pendón verde una sublevación popular que ocurrió en Sevilla por los años de 1521, porque los amotinados, en su mayoría gente avalentada del barrio de la Heria o Feria, para llevar alguna insignia o bandera, sacaron de la inmediata iglesia parroquial de Omnium Sanctorum un estandarte verde cogido a los moros, que por trofeo estaba colgado en la capilla de Jesús Nazareno. La gente de la Heria tenía merecida fama de ahigadada y pendenciera, por lo cual, en la jorn. I de El Rufián dichoso, de Cervantes, una mujer alaba a Lugo diciendo:
«¿Hay más que ver que le dan
parias los más arrogantes,
de la Heria los matantes,
los bravos de San Román?»
Y desde aquel motín de 1521, para nombrar gente del bronce y arrufianada, fuera o no de Sevilla y del dicho barrio, se la llamó, tal cual vez gente de la Feria y pendón verde. En uno de los romances de germanía publicados por Juan Hidalgo:
«Un hombre que ser solía
tenido hace algunos meses
por uno de los que llaman
de la Heria y pendón verde,
vino huyendo de Sevilla,
que es Chipre de los valientes,
por no sé qué niñerías,
robos, capeos y muertes.»
Y hasta a los ojos salteadores se les dió ese dictado. Quiñones de Benavente, en su Entremés de los Cuatro galanes: