[36] Córdoba, Salvador de Cea, 1630. 4 hs. sin foliar.

[37] Verbigracia, en un pasaje del tranco I y en otro del IX.

[38] Página 237 de mi edición crítica de Rinconete y Cortadillo (Sevilla, 1905). A mayor abundamiento, vea el curioso, porque es concluyente y definitivo—como dicen ahora—algo de lo que advirtió el sabio maestro Menéndez y Pelayo para explicar por qué en la hermosa edición académica de las Obras de Lope de Vega no había de copiar servilmente los antiguos textos: «...Publíquense enhorabuena—observaba—con estricto rigor paleográfico (y no de otro modo deben publicarse) todos los monumentos literarios anteriores a la era de los Reyes Católicos; pero séanos lícito disfrutar, como de cosa familiar y doméstica, de todo el tesoro de nuestras letras clásicas, y no nos empeñemos en ahuyentar a las gentes de la lección de nuestros autores de la edad de oro, presentándolos en textos de aspecto repulsivo, sólo para que algún filólogo tenga el placer de saber a ciencia cierta que Calderón, en El Mágico prodigioso escribió (verso 754), hedad con h

[39] Naveta, en su antigua acepción de gaveta o cajoncillo corredizo de una papelera o escritorio: vne leyette d'vn cabinet ou d'autre chose, definió César Oudin en Le Tresor des devx langves espagnolle et françoise. (Sírvome de la edición de París, M.DC.XLV.)

[40] Llamaban mosqueteros, como dice el Diccionario de la Academia, a los que en los antiguos corrales de comedias las veían de pie desde la parte posterior del patio. Y a silbar a los cómicos llamaban, consiguientemente, mosquetear, verbo que falta en el dicho léxico. Ruiz de Alarcón, en el acto I de Mudarse por mejorarse:

«REDONDO. ...Representante afamado
has visto, por sólo errar
vna sílaba, quedar
a silbos mosqueteado

A lo que parece, o era reciente el silbar en el teatro cuando el admirable poeta mejicano escribió Todo es ventura, o se había introducido de nuevo esa grosera costumbre, pues en el acto I dicen dos interlocutores:

«DUQUE. ¿Tú, Fabio?

FABIO. Yo, en la comedia.

DUQUE. ¿Pareció bien?