FABIO. No, señor,
con ser divino su autor;
porque si no se remedia
esta nueva introdución
de los silbos, es forzoso
que pierda el más ingenioso
a los versos la afición.»

[41] Vélez de Guevara fué muy dado a buscar el donaire acomodando a su intento los modismos y refranes vulgares, por medio del trueque de una o más de sus palabras. Así, iremos viendo, verbigracia, en el curso de esta novela, Dar gato por demonio, Irse al infierno en coche y en alma, Preñada de medio ojo, Astrólogo regoldano, Lo que es del diablo, el diablo se lo ha de llevar, Si Dios me tiene de sus consonantes, Siempre quiebra la soga por lo más forastero, Salud y consonantes, Servir a su Majestad con dos comedias en Orán, meras modificaciones de los refranes y frases Dar gato por liebre, Irse al infierno en cuerpo y alma, Tapada de medio ojo, Castaña regoldana, Lo que es del agua, el agua se lo lleva, Si Dios me tiene de su mano, Siempre quiebra la soga por lo más delgado, Salud y gracia, y Servirá su Majestad con dos lanzas en Orán. Tales acomodamientos pertenecen, sin duda, a la clase de chistes baratos; quiero decir que cuestan poco al ingenio de su inventor. Por fortuna, Vélez de Guevara tiene, y sabe lucirlos, méritos de muchos más quilates que estas gracias frías.

[42] Lo de haber nacido para número de los demás puede ser reminiscencia de aquel verso de una de las epístolas de Horacio:

«Nos numeri sumus, fruges consumere nati

Análogamente Ruiz de Alarcón, en el acto I de La verdad sospechosa:

«D. GARCÍA. Quien vive sin ser sentido,
quien sólo el número aumenta
y hace lo que todos hacen,
¿en qué difiere de bestia?»

[43] Sabidísimo es que se llamaba corral de comedias, como dice el Diccionario comúnmente llamado de autoridades, «la casa, patio o theatro donde se representan las comedias. Diósele este nombre—añade—porque ordinariamente están descubiertos».

[44] Las bocas abiertas, especie de ablativo absoluto, frecuentemente usado por nuestros escritores.

[45] Llamóse corchetes, figuradamente, a ciertos ministros inferiores de la justicia, servidores de los alguaciles, porque, en frase de Covarrubias, Tesoro de la lengua castellana, o española, «asen como estos ganchuelos».

[46] Con lo mío me haga Dios merced, decíase para indicar que no se deseaba nada allegado con riesgo o por mal camino. Así lo dijeron, simple o socarronamente, aquellos benéficos forajidos de la Sierra de Cabrilla que partían con el robado lo que éste llevaba. De ellos dice Luque Fajardo (Fiel desengaño contra la ociosidad y los juegos, Madrid, 1606, fol. 291) que, habiendo tropezado con ellos un labrador «y como no llevase más de quinze reales, que eran expensas de su viaje, hecha la quenta cabian a siete y medio; no se hallaua a la sazon trueque de vn real, y el buen labrador (que diera aquella cantidad, y otra de más momento, por verse fuera de sus manos) rogauales encarecidamente tomassen ocho reales, porque él se contentaua con siete.—De ninguna manera (respondieron ellos): con lo que es nuestro nos haga Dios merced».