[125] Pollera llamaban al brial o guardapiés, por su semejanza con el cesto en que se crían los pollos.
[126] Engestarse, verbo no registrado en el léxico de la Academia, está usado aquí en la acepción de volver el rostro hacia alguna persona o cosa; encararse.
[127] Aunque de ordinario se llamó picota al rollo, propiamente no es picota sino la punta o pico en que suele terminar. Vélez usa aquella voz en sentido figurado.
[128] Así, malaño, en la edición original, como, juntas las palabras, escribimos noramala y norabuena.
[129] Llamaban lo hojaldrado a la parte del pastel que cubre la carne o dulce en él contenido.
[130] Nombrábase pepitoria a un guisado que se hacía con los cuellos, manos y pies de las aves. Era plato propio de sábado, día en que no se podían comer de los animales terrestres sino los despojos. Todo esto se indica en los siguientes versos de Anastasio Pantaleón de Ribera (Obras de ... Madrid, Francisco Martínez, 1634, fol. 55 vto.):
«Del pájaro que en Arabia
cinco edades vive enteras,
y naciendo de su muerte,
cunas le arrullan sabeas,
serán menudo jigote
sus pechugas y caderas,
y en sábado, pepitoria
sus alones, cuello y piernas.»
[131] Haya, diríamos hoy.
[132] Era hacer media noche, según Covarrubias, «vn abuso grande de aguardar a que den las doze del Viernes en la noche para comer vna olla regalada de menudo». Tropológicamente, llamóse media noche a esa misma cena. Quevedo, dirigiéndose a una niña de quien quería ser tercera una vieja (Musa VI):
«Cuando quieres persuadirme,
dices que es mujer de porte:
mucho tiene de estafeta;
temo que de ti la cobre.
De docientas leguas huele
almuerzos y medias noches;
lo que come, bien lo sé;
mas no sé con lo que come.»