[133] No conocer a uno si no para servirle es frase de comedimento que, por usual, no debiera faltar en el Diccionario de la Academia. Vélez vuelve a emplearla en los trancos VII y X. Castillo Solórzano, en La Garduña de Sevilla y anzuelo de las bolsas: «¿Cómo alguacil?—replicó el mismo alguacil—. ¿Conóceme vuesa merced? Yo le dije:—No conozco a vuesa merced si no es para servirle.»
[134] Llamóse llave capona o capona a secas, la que honoríficamente se concede a ciertos gentilhombres de la cámara real, sin ejercicio ni servidumbre, porque tal llave no tiene sino apariencia de tal, pues con ella no se abre ni se cierra puerta alguna. Moreto, en la jorn. III de Antíoco y Seleuco:
«REINA. Y cuando sea mi esposo,
como es cierto, ¿te parece
que a mí ese amor me entristece?
FLORETA. Pues, señora, ¿no es forzoso?
REINA. ¿Por qué?
FLORETA. ¿No es claro el indicio?
Porque hasta aquí tu persona
es, como llave capona,
esposa sin ejercicio.»
[135] A propósito de esta frase, Pérez y González recordó (pág. 75 de su mencionada obra) que se llamaba proa a la parte delantera del coche; que los asientos de éste se decían de proa, de popa y de estribos, y que «el de proa era el más humilde, destinado al modesto acompañante, ya servidor, ya devoto del personaje dueño del vehículo». Pero si en esto de la proa rectificó el erudito sevillano al señor Bonilla, que en su edición de Vigo (1902) había sospechado que se hubiese dicho en contraposición a la frase jayanes de la popa, no creo que estuviese igualmente acertado al presumir «que culto es una errata, y debe leerse cultor». A mi entender, con lo de culto vergonzante se quiso aludir a que los de escasa calidad que acompañaban a los magnates ocupando los asientos de proa de sus coches solían profesar de cultos, más o menos declaradamente, poniendo en tortura el magín para hacer frases adulatorias y de ingenio que agradaran a sus patronos.
[136] Tanto era la barba cosa indispensable para los letrados, que dijo Quevedo en una de las letrillas de su Musa V:
«Deseado he desde niño,
y antes, si puede ser antes,
ver un médico sin guantes
y un abogado lampiño.»
Y que solían llevar la barba en forma de cola de delfín lo había dicho el mismo autor en un romance de la Musa VI: