«Era Alejandro un mocito
a manera de la hampa,
muy menudo de faiciones
y muy gótico de espaldas.
Barba de cola de pez,
en alcance de garnacha....»
[137] Doña Fáfula, como si dijera doña Fulana, o doña Fabulana, nombre este último que aun suele oírse en Andalucía, y con el cual parece tener estrecho parentesco el que ha originado esta nota. Véase antepuesto al apellido, como se anteponen estos otros nombres. Espinel, Sátira contra las damas de Sevilla (Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos; mayo-junio de 1904):
«No había entonces doña Berenjena,
doña Fáfula Ortiz ni doña Paula,
sino Francisca, Paula, Minga, Elena.»
[138] La bigotera está definida en el Diccionario académico; y que los presumidos solían ponérsela para dormir, para no descomponer sus bigotes, cuidadosamente peinados y levantados, dícenlo acá y allá nuestros escritores de antaño. Don Guillén de Castro, El Narciso en su opinión, jorn. I:
«D. GUTIERRE. ¿Bueno está el bigote?
TADEO. Bueno.
Pero sobrado le cuesta
al que, como tú, se acuesta
como braquillo, con freno.»
Y Lope de Vega, en el acto II de El Cuerdo en su casa:
«GILOTE. ...Hay mil tontos marquesotes
con cuidados de mujer,
que nacieron para ser
mártires de sus bigotes;
mil que a bestias los condeno,
porque ellas a dormir van
sin freno, y ellos están
toda la noche con freno.»
[139] El uso masculino de los copetes y guedejas, por denotador de vil afeminamiento, fué prohibido en 1617; pero de tal manera continuó y aun se extendió años después, que a 13 de abril de 1639 se dió en Madrid el Pregon en qve sv Magestad manda qve por qvanto el abvso de las gvedejas y copetes con que andan algunos hombres, y los rizos con que componen el cabello, ha llegado a hazer escandalo en estos Reynos, ningun hombre pueda traer guedejas ni copete. (Escudo real.) (En Madrid. En la imprenta de Francisco Martínez. Año M.DC.XXXIX) Se mandaba: «que ningún hombre pueda traer copete, o jaulilla, ni guedejas con crespo o otro rizo en el cabello, el qual no pueda passar de la oreja; y los barberos que hizieren qualquiera de las cosas susodichas, por la primera vez caygan e incurran en pena de veinte mil maravedis y diez días de carcel, y por la segunda la dicha pena doblada y quatro años de destierro desta Corte, o del lugar donde viuiere, y por la tercera sea lleuado por quatro años a vn presidio para que en ellos siruan. Y a las personas que traxeren copete o guedejas y rizos en la forma dicha no se les dé entrada en la Real presencia de su Magestad, ni en los Consejos, y los porteros se lo prohiban, y los Ministros no les puedan dar audiencia, ni oygan sobre sus pretensiones, reseruando a los señores del Consejo poder hazer la demostracion y castigo que conuenga....»
[140] Mujeres y lindos cuidaban mucho de sus manos y de sus rostros, y para adobar éstos y aquéllas hacían mil extravagancias, y hasta verdaderas porquerías. En un libro inédito de recetas de afeites (Biblioteca Nacional, Manuscrito 2019) hallas con epígrafes como éstos: «Memoria de la manteca que doña María de Mendoza traía en las manos...» (fol. 13). «Recepta para hazer seuo para las manos, que se ha de traer nueve días» (fol. 52 vto.). ¡Véase qué «recepta para las manos»! (fol. 16): «Tómese suziedad de perros de la blanca y muelanla y despues echenla con miel y con hueuo y ponganla en las manos, y no en las palmas, y tenganlo una noche y un día....» Y ¡véase qué «recepta para el rostro»! (fol. 66): «Tomareis tocino tanto como vn hueuo, que sea todo gruesso, e poneldo con vinagre fuerte que esté nueue días; tomareis sahin de culebra....»