[141] Descabezados, para poder usar de las yemas de los dedos y valerse de las manos aun teniéndolas untadas con los sebillos. Porque es de notar que el hacer sudar las manos, enguantándolas, solía ser obligado complemento del untarlas. Terminantemente lo declara una receta para muda de manos, que hay hacia el fin de cierto libro de cocina y repostería (Biblioteca Nacional, Ms. 6058, fol. 167 vuelto): «Tomarás media libra de trementina labada nuebe vezes y quatro hiemas de huebos frescos y el agrio de dos limones redondos y seis dineros de cardenillo, todo mezclado; vntarás las manos antes de acostarte y sudaráslas con guantes, y fiat confetio» (sic).
[142] De estas pasas hablaba Areusa en el acto IX de La Celestina, levantando, por ruin envidia, mal testimonio a Melibea: «Todo el año se está encerrada con mudas de mil suciedades, por una vez que haya de salir donde pueda ser vista; enviste su cara con hiel y miel, con uvas tostadas y higos pasados, y con otras cosas....»
[143] La colación de los ayunadores solía consistir en un poco de pan y dos o tres docenas de pasas.
[144] Una doncella sobre su palabra, es decir, una que sólo tenía de doncella el hacerse pasar por tal.
[145] Vélez de Guevara juega del vocablo curso en dos de sus acepciones. También en esto le había precedido Quevedo, al relatar en un desenfadado romance (Musa IV) el Ridículo suceso del trueco de dos medicinas, haciendo decir a la triste desposada:
«Tu cuerpo, que no me goza,
a lo menos, me gradúa,
si los cursos a las novias
valen como a los que estudian.»
[146] Hacer, en su frecuente acepción de representar.
[147] Quizá se refiere a Il Dvello del Mutio Iustinopolitano, libro del cual se hicieron varias ediciones, muy difundidas en España, por nuestra constante comunicación con Italia.
[148] Antes y más propiamente que el Diccionario de autoridades definió el patacón César Oudin, en su Tresor des devx langves...: «Patacón, monnoye de cuiure en Portugali, qui vaut enuiron deux liards, c'est aussi la grande reale d'argent de Castille de huict, c'est à dire de quarante sols....»
[149] Con sus propias palabras se llama ladrón al que iba a ser robado. La frase acá estamos todos tuvo origen, según el vulgo, en un cuentecillo relatado mil veces por las abuelas a sus nietezuelos: «Un duende hacía tantas diabluras en una casa, escondiendo mil cosillas, y rompiendo otras mil, que el inquilino, por huir de él, se resolvió a mudarse a otro barrio. Pero cuando, al llevar la última carrada de muebles, preguntó a su mujer: «—¿Falta algo?», se oyó la vocecilla del duende, que, escondido en un palanganero, decía: «—¡Acá estamos todos!» Es frase popular en Andalucía, y suele decirla el que llega a una reunión donde no se contaba con él: ¡Aquí estamos todos!, dijo el duende. Ayala y Guzmán versificó este cuento, con poca fidelidad y menos gracia, en su comedia intitulada Las Travesuras de don Luis Coello, primera parte.