[160] Hábito, en su antigua acepción de insignia con que se distinguen las órdenes militares. «Cauallero de abito—dice Covarrubias—, el que trae en el pecho la insignia de alguna orden de Cauallería, que comunmente llaman abitos.»

[161] La ropilla, como dice el Diccionario de autoridades, era «vestidura corta con mangas y brahones, de quienes penden regularmente otras mangas sueltas o perdidas, y se viste ajustadamente al medio cuerpo, sobre el jubón».

[162] Diluvio en pena, como alma en pena.

[163] Antes de mil años, es decir, antes que pase mucho tiempo. Es hipérbole andaluza: bien se echa de ver quién habla por boca del Cojuelo.

[164] Como el jugar cañas era propio de caballeros, con estas palabras indica el Diablillo que pronto había de subir de categoría el tabernero bautizante, mudanza de que hubo, hay y habrá siempre grande copia de ejemplos.

[165] Hablar en un asunto o negocio, que hoy decimos hablar de. Era régimen usualísimo en los siglos XVI y XVII (Quijote, I, 193, 10; III, 17, 4; 311, 22; etc.)

[166] También aquí sigue Vélez los pasos de Quevedo, que dijo en su Sátira a los coches (Musa VII):

«Tras aquéllos llegó al puesto
vn coche verde, que ha sido
el sujeto a quien más debe
cierta mujer y marido.
Desde el alba hasta la noche
les sirve de albergue y nido,
y aunque duermen dentro dél,
ha dicho un contemplativo:
«Aqueste es coche imprestable,
porque ambos han prometido
no desamparar su popa
por cosa de aqueste siglo.»»

A lo que parece, no había grande exageración en estas referencias. De una tal doña Juana decía otra dama en la jorn. I de El socorro de los mantos, comedia de don Francisco de Leiva y Ramírez de Arellane:

«Yo donde vive os diré:
y es, porque busquéis el fin
de ese fuego que os abrasa,
la calle Mayor su casa
y un coche su camarín.
En él de día y de noche
a sus gustos se dedica,
y aun harto se mortifica
en no dormir en el coche.»