[245] Que la mula de Liñán es el aire, no ofrece duda; pero ¿cuándo y por quién se dijo esta frase? Esto es lo que había que averiguar, y ni Durán, ni Pérez y González, ni Bonilla, ni yo, hemos tenido la fortuna de ponerlo en claro.
[246] Vara alta, esto es, derecha, vertical, quiere decir autoridad, poder, jurisdicción. Allí donde los investidos de autoridad dejaban de tenerla, soltaban o bajaban las varas. Esto ocurrió al entrar Felipe II en Portugal, según refiere Isidro Velázquez en La entrada qve en el reino de Portvgal hizo la S.C.R.M. de don Philippe, invictíssimo Rey de las Españas, segundo deste nombre.... (Lisboa, Manuel de Lyra, M.D.LXXXIII), fol. 70: «Prosiguiose el camino, y a la llegada de vn río, mojonera o diuision de los terminos de los Reynos, salio orden que los ministros de justicia Castellana baxassen las varas, o no las traxessen....»
[247] En los siglos XVI y XVII se solía llamar figones a los que después se llamó figoneros, dejando aquel nombre para sus bodegones o fondines. Por un acuerdo de la Sala de Alcaldes pregonado a 18 de mayo de 1595, se mandó que se notifique «a los que guisan de comer, que llaman figones» que no diesen de comer a las personas que fuesen a sus casas, ni manjar blanco, ni tostadas, ni pastelillos, ni otras cosas dulces. (Archivo Histórico Nacional. Libros de gobierno de la Sala de Alcaldes, tomo II, fol. 47.)
[248] Como advierte el señor Bonilla, «el Infante don Pedro de Portugal recorrió, no las siete, sino las cuatro partidas del mundo. Así lo dice el mismo título de la obra famosa donde se relatan sus andanzas: Libro del infante don Pedro de Portugal, que anduvo las quatro partidas del Mundo (Çaragoça, Juan Millán, 1570).» ¿Por qué, pues, dijo el vulgo ser siete, y no cuatro, las tales partidas? Probablemente, según observé en otro lugar, por contaminación de esa frase con el nombre de nuestro célebre código de las Siete Partidas.
[249] Estas palabras patentizan que aún en el segundo tercio del siglo XVII perduraba con su renombre, si bien llamándose de la Sevillana, aquel célebre mesón del Sevillano que inmortalizó Cervantes haciéndole lugar de la acción de La Ilustre fregona. Véanse las noticias que acerca de esta posada di ha poco en el prólogo de mi edición crítica de la mencionada novela cervantina. (Madrid, 1917.)
[250] Por miedo que conspiren, diríamos hoy, omitiendo ese no que en realidad redunda, pero que antaño se usaba con los verbos que significan temor, como noté en diversos lugares del Quijote (II, 80, 15; III. 59, 24; 144, 12; 217, 8; IV, 50, 1; 126, 15, etc.).
[251] El señor Bonilla puntuó así este pasaje: «... a otras diligencias, deste modo por sobornar....» En la edición príncipe no hay coma alguna después de la que sigue a la voz esguízaros, hasta otra que sigue a las palabras contra mí. Creo que el verdadero sentido requiere esa coma donde la he puesto: dice el Cojuelo que regresará por Suiza a otras diligencias deste modo, o sea, parecidas a la ya indicada de hacer degollar a los hermanos del Gran Turco.
[252] «Mearle la pajuela—dice Covarrubias—; género de desafío que usan los niños vnos contra otros.» Correas, en su Vocabulario de refranes y frases proverbiales, publicado por la Academia Española en 1905, explica la frase de esta manera (pág. 618 b): «Vsaban los muchachos luchar, y a las tres caídas, el vencedor cogía una pajuela del suelo y la meaba, y con ella daba por la boca al vencido sin que lo viese, y de este modo le afrentaba, y así en otras cosas.» Pero tal frase tiene, además del significado natural, otro figurado, más usual, que definió así el Diccionario de autoridades: «Aventajarse, sobresalir y exceder a otro en la ejecución de alguna cosa», y éste, como nota el señor Bonilla, «es el sentido de la frase en el pasaje del Cojuelo». E igualmente en los siguientes versos de Lope (Los novios de Hornachuelos, acto III):
«EL REY. ¿Sois los novios mal contentos
que celebra este lugar?
Llegad. No, no tengáis miedo.
BERRUECO. Somos, señor; pero sepa
que hay otros dos en el pueblo
que nos mean la pajuela,
pues somos los dos con ellos
paloma y palomo....»