[277] El socorrido expediente de hacer de pasta las dueñas que faltaran para completar el número de once mil parece reminiscencia de lo que cuenta Cervantes (Quijote, II, 48) de aquella señora «de quien se dice que tenía dos dueñas de bulto con sus antojos y almohadillas al cabo de su estrado, como que estaban labrando, y tanto le servían para la autoridad de la sala aquellas estatuas como las dueñas verdaderas».
[278] También Quevedo llamó sabandijas a las dueñas, pues hizo decir a una del gremio (Musa VI):
«Fué Dios servido después
de que yo me convirtiese
en sabandija tocada,
en un lechuzo de réquiem.»
En ranas dijo el mismo autor, en Las Zahurdas de Plutón, haberlas visto convertidas: «Así supe como las dueñas de acá son ranas del infierno, que eternamente como ranas están hablando, sin ton y sin son, húmedas y en cieno, y son propiamente ranas infernales; porque las dueñas ni son carne ni pescado, como ellas. Diome grande risa el verlas convertidas en sabandijas tan pierniabiertas....»
[279] Oyones, dicho en tono festivo por oyentes.
[280] Saber, o entender, poco de filis, frase que falta en el Diccionario, significa no ser capaz de ciertas delicadezas o finuras. Calderón, en la jorn. II de Guárdate del agua mansa:
«D. TORIBIO. Pues de mi cuidado
¿en qué estriban los desvelos?
EUGENIA. Preguntádselo a los cielos,
a los astros y a los hados,
que no inclinan mi albedrío.
D. TORIBIO. Pues en algo está el busilis.
EUGENIA. En que vos no tenéis filis
para ser esposo mío.»