Picado don Toribio por esta expresión, aun sin entenderla, dice poco después a don Alonso:
«Y para que se averigüe
si los hombres como yo
tienen o no tienen filis,
por no obligarme a retarla
en extranjeros países,
haced que me compren luego
cuantos filis sean vendibles,
y cuesten lo que costaren.»
[281] Por analogía con las encamisadas a que se refieren los diccionarios, llama Vélez encamisada a los sujetos que acudieron a las alarmantes voces del Poeta; bien que si los más de ellos estaban «hechos Adanes del baratillo, poniendo las manos donde habían de estar las hojas de higuera», más podía llamarse descamisada que encamisada a su junta o reunión.
[282] Mediar el caso, como mediar la causa (Quijote, I, 46), y médiese la partida (II, 26).
[283] Se refiere a un ejemplar de alguna de las diversas ediciones que antes de mediar el siglo XVII se habían hecho del Arte poética española de Diego García Rengifo, publicada a nombre de Juan Díaz Rengifo, y cuya edición príncipe es de Salamanca, Miguel Serrano de Vargas, 1592.
[284] «Omenaje tanto quier dezir—según la ley V, título XXV de la partida IV—como tornarse ome de otro, e fazerse suyo por darle segurança sobre la cosa que prometiere de dar o de facer, que la cumpla.» Se hacía pleito homenaje metiendo la mano derecha, o las dos manos, entre las del que lo recibía, y jurando hasta tres veces cumplir aquello a que se obligaba. Véase, por ejemplo, un pleito homenaje tan ecijano como el mismo Vélez de Guevara y como el gran poeta Garci Sánchez de Badajoz, en manos de cuyo padre se hizo. En Écija, a 20 de marzo de 1475, ante el escribano Alfón de Aguilar, estando ayuntados en la casa del cabildo los honrados señores concejo, asistente, alcaldes, alguaciles, regidores, jurados y caballeros, y presente el comisario Francisco Velasco, en nombre y con poderes de «la muy alta y muy esclarecida Princesa, Reyna e señora nuestra señora la Reyna doña Isauel», habiendo recibido del concejo y el asistente «la fidelidad, juramento e omenaje que eran tenudos de fazer a la dicha señora Reyna como primogenita heredera destos Reynos de Castilla y de Leon, e al muy alto e esclarecido principe don Fernando su legitimo marido, luego el dicho Comisario en el dicho nombre e por virtud de los dichos poderes dixo que juraba e juró por el nombre de Dios e de Santa María e por las palabras de los santos evangelios e por la señal de la Cruz, en que puso su mano derecha, e fizo pleito omenage en manos de Fernan Sanchez de Badajoz, cauallero fijodalgo, una, dos e tres veces segun fuero e costumbre de España, so cargo del qual prometió e juró en el ánima e persona de la dicha señora Reyna de confirmar e guardar los privilegios e buenos usos e costumbres e ordenanzas, esenciones e libertades desta cibdad....» (Archivo Municipal de Écija).
[285] Esto se cuenta de los Siete Durmientes, de quienes ya traté en nota del tranco II (59, 16)[182]. Pérez de Montalván, en la jornada I de Santo Domingo en Soriano, se hizo eco de la vulgar conseja:
«CHOCOLATE. Si a la venganza saliesen
quantos ay en Sorïano,
y lloviera Dios valientes,
con solo un dedo meñique,
sin mover essotros nueve,
los arrojara tan altos,
que quando a baxar bolviessen,
hallassen otra moneda,
como los Siete Durmientes.»
[286] Asemejándolos a los censos, Vélez llama güéspedes al quitar a los hospedados en el mesón, porque al ausentarse, dejaban de ser huéspedes, y güésped de por vida al mesonero, porque lo había de ser hasta su muerte. En este pasaje pudo echar de ver don Antonio de Valbuena que, contra lo que, sin duda ofuscado, defendió en algún periódico, huésped, como hospes latino, significa, y así lo advierte Covarrubias, tanto el forastero que viene a nuestra casa, o a nuestro pueblo, como el mesonero o el que tiene casa de posadas. En el cap. LIX de la segunda parte del Quijote ocurren juntas, como en el texto que anoto, las dos acepciones de esta voz: «¡Por Dios—respondió el huésped (el hospedador)—que es gentil relente el que mi huésped (el hospedado) tiene!»
El decir al quitar de cosas extrañas a los censos no fué original de Vélez de Guevara: ya se leía en el Romancero general (fol. 257 vto.):