El mismo autor en la jorn. II de Cada uno para sí:
«D. FÉLIX. ...Pero sí sé, pues que sé
que la ley del duelo dijo
que yo con quien vengo, vengo
y así, a don Enrique sigo.»
[314] Sobre estas virtudes curativas que se atribuyeron respectivamente a los reyes de Francia y a los de España, debe leerse una de las Cartas eruditas y curiosas del padre Feijóo, la XXV del tomo I. «Es hecho constante—dice en ella, y adviértase que la escribía aun no mediado el siglo XVIII—que a la Corte de Francia concurre de varias partes gran número de los que padecen la enfermedad dicha [lamparones], y que anualmente, el día de Pentecostés, el Rey Christianíssimo, haviendose confessado y comulgado en el convento de San Francisco, los toca a todos en la frente, puesta la mano en forma de Cruz, pronunciando aquellas palabras: Rex tangitte, Deus sanat te, in nomine Patris, & Filij & Spiritus Sancti. En unos autores he leído sanat, en otros sanet.» Y en cuanto a nuestros reyes: «Sepa más v. mrd. que el mismo Gaspar de los Reyes cita no menos que doze autores que afirman que los Reyes de Hespaña gozan la admirable prerogativa de expeler los Demonios de los cuerpos de los Energúmenos; y esto, sin más diligencia que ponerse en presencia de ellos.» Feijóo dice claramente que no creía en tales virtudes curativas de los monarcas de allá ni de los de acá, y, en efecto, o esa virtud se ha perdido, o, lo que es más probable, no la hubo nunca.
[315] Falso parece dicho aquí en una acepción que no registran los diccionarios. Quiere decir que los extranjeros se sonreían disimuladamente.
[316] «Tomar la mano se dize—según Covarrubias—el que se adelanta a los demás para hazer algún razonamiento.» Quijote, I, 29: «... y aunque luego quisiera el Cura consolarla y aconsejarla, tomó primero la mano Cardenio, diciendo....»
[317] Con su Majestad, elíptico: comparados con su Majestad ha de entenderse.
[318] Este derramar juncia y poleo ensalzando hasta las nubes el poder de España era muy del tiempo de Luis Vélez de Guevara. Quevedo, en la reseña de una fiesta de toros (Musa VI):
«Iba el Rey nuestro señor
con su talle y con su cara
repitiendo hasta el Hermoso
los Filipes de su casta.
Lleva el Segundo en el seso,
lleva el Tercero en el alma,
y en el Cuarto lleva el Quinto,
en victorias que le aguardan.
Dije (no sé si lo oyó):
«Glorioso León de España,
no tienes para un pellizco
en cien mil fardos de Holandas.
Si en Italia los franceses
ya volvieron las espaldas
a los graznidos de un ganso,
¿dónde pararán si bramas?»
[319] Las injurias que profieren el Francés y el Italiano, aunque españolizadas un tanto, se entienden fácilmente: bugre (bougre) significa sodomita; coquín, bergante, belitre; forfante (furfante), bribón; pero ¿y nitesgut? ¡Aquí de los diccionarios y de las conjeturas eruditas! Para el señor Bonilla, en sus notas a la edición de 1902, Nitesgut era «vocablo que procede de la corrupción del alemán Nichtsgut, compuesto de nicht— nada, y gut = bueno». Pérez y González observó, con su discreción acostumbrada, lo uno, que «¡Nitesgut!—o como sea—es una frase ofensiva que Vélez de Guevara pone en boca de un inglés para insultar, seria y airadamente, a su contradictor»; y lo otro, que «no parece propio que, insultando al españolizado diablillo el francés en francés y el italiano en italiano, tuviera el inglés que recurrir a inventar dicterios alemanes, como si en su idioma no los hubiera; ni resulta natural que después de llamarlo el francés pícaro y sodomita, y el italiano, traidor o judío y bribón, el inglés se contentara con decirle: ¡Nada bueno español!, porque esto, después de aquellos improperios, más que para encolerizar a don Cleofás y al diablo y sacarlos de sus casillas, hubiera servido, por el contraste, para hacerlos destornillar de risa». Hasta aquí iba bien y rebién mi antiguo camarada y queridísimo amigo Felipe Pérez; pero, por no ser menos que su comentado comentador, quiso, como él, echar su cuarto a filologías, y creyó sacar en claro que pues nitty significa en castellano lleno de liendres, y goose (léase gus) mentecato, «niti gus bien pudo convertirse, por obra y gracia del cajista, en ese nitesgut incomprensible». Últimamente, al volver al asunto el señor Bonilla en la edición de 1910, abandona su alemán de antaño y conjetura que nitesgut «puede ser un vocablo compuesto de naughty = revoltoso, malvado, y guest— huésped, palabras ambas—añade—que vienen de perilla al Cojuelo, y que Vélez juntó, escribiéndolas sin ortografía y atendiendo principalmente al sonido (noti-guest)».
No entraré yo por terreno donde es tan fácil desbarrar como revolver diversos diccionarios de lenguas que no se conocen, o, lo que suele ser peor, no se conocen bien; pero sí diré, abriendo camino para otros, que no me parece muy seguro que nitesgut, aun puesto en boca de un inglés, sea locución inglesa, porque mientras que Castillo Solórzano la hace decir a un gabacho, Lope la atribuye a un tudesco, por cierto pronunciándola ni te gote. Véanse los textos a que aludo, el primero, de un romance a una mujer roma (apud Donayres del Parnaso. Segunda parte, Madrid, Diego Flamenco, 1625, fol. 26):