Capítulo II
Mitos

I.—Huirakhocha y su actuación mística.—II.—Achachilas, huacas y konopas.—III.—El Huari y su leyenda.—IV.—Pacha-Mama y su culto actual.—V.—El Ekeko y su historia.—VI.—Thunnupa, Makuri y la Cruz.—VII.—El Huasa-Mallcu, su dominio y el homenaje que se le rinde; la kuilara y el sarniri.—VIII.—El concepto que se tiene del Supaya.—IX.—El Anchanchu.—X.—La Mekala.—XI.—El Katekate y sus derivaciones—XII.—Los Japiñuñus.—XIII.—El Takca-takca.—XIV.—El culto a la piedra—XV.—Ideas respecto del Cuurmi.

I

En la cúspide de la mitología de los kollas se encuentra el dios Huirakhocha, a quien se le tiene por el hacedor de la luz, de la tierra y de los hombres. Diversas interpretaciones se han dado a la etimología de ese nombre: unos creen que proviene de las palabras kechuas vira, grasa y khocha, mar, o sea grasa del mar. Esta interpretación extravagante, no se confirma con el origen de la divinidad, que es kolla, y, por consiguiente, que debe buscarse su significado en la lengua de esta nación. Además, conviene no olvidar que el nombre primitivo, como ha ocurrido con el desenvolvimiento de las palabras en todos los idiomas, ha debido sufrir serias alteraciones con el transcurso del tiempo y el roce con pueblos de distinta índole y lenguaje, hasta llegar a tener la estructura y fonética, que actualmente conserva.

Uira, según Bertonio, es el suelo[3]. Esta acepción es la principal. Khocha, parece una alteración de jucha, pecado, negocio, pleito, según el mismo autor. Palabra que comprendía también al que hacía o ejecutaba alguna cosa: al hacedor por excelencia. De suerte que Uira-jjocha, convertido hoy en Huira-Khocha, por haberse kuichuizado la frase, podría decir hacedor del suelo, con más propiedad: hacedor de la tierra.

También pudo haber provenido de las palabras aymaras, juira, producto y kota lago, alterada después en khocha por los quechuas. Khocha y kkasahui son, en el lenguaje kolla, denominaciones del aluvión. Tal vez, nombre tan discutido, se ha formado de las palabras aymaras: uru, día, jake gente, jjocha hacedor, o sea, hacedor del día y de las gentes; convertidas por disimilaciones, metátisis y apentésis continuados, en Huairakhocha. Los nombres tienen su formación definitiva a través de siglos: son como las piedras, de los ríos, que para perder sus extremidades y asperezas, y ponerse lucias y redondeadas, tienen las corrientes que arrastrarlas por enormes distancias.

Según la tradición generalizada y aceptada comúnmente por los indios, con ligeros variantes, Huirakhocha surgió del Lago Titicaca, hizo el cielo y la tierra, creó a los hombres y dándoles un señor que debía gobernarlos regresó al lago. Pero como las gentes no habían cumplido los mandamientos que les impuso, volvió a salir del seno de las aguas del Titicaca, acompañado de otros hombres, y se dirigió a Tiahuanacu, en donde encolerizado por la desobediencia, redujo a piedras a los culpables, que hasta entonces habían vivido en la oscuridad; «mandó que luego saliesen el sol, luna y estrellas y se fuesen al cielo para dar luz al mundo y así fué hecho, y dicen que creó la luna con más claridad que el sol, y por eso el sol envidioso al tiempo que iban a subir al cielo, le dió con un puñado de ceniza en la cara y que de allí quedó oscurecida de la color que ahora parece»[4]. Creó en seguida numerosas gentes y naciones, haciéndolas de barro, pintando los trajes que cada uno debía tener, «y los que habían de traer, cabellos con cabellos y los que cortado cortó el cabello, y que concluído a cada nación dió la lengua que debía hablar, los cantos que había de cantar y las simientes y comidas que habían de sembrar. Y acabado de pintar y hacerlas dichas naciones y bultos de barro, dió ser y ánimo a cada uno por sí, así a los hombres como a las mujeres, y les mandó se sumiesen debajo de tierra, cada nación por sí; y que de allí cada nación fuese a salir a las partes y lugares que él les mandase; y así dicen que los unos salieron de las cuevas, los otros de cerros y otros desatinos de esta manera, y que por haber salido y empezado a multiplicar de estos lugares, en memoria del primero de su linaje que de allí procedió, y así cada nación se viste y trae el traje con que a su guaca vestían. Y dicen que el primero que de aquel lugar nació, y allí se volvió a convertir en piedras; y otros en halcones y cóndores y otros animales y aves; y así son de diferentes figuras los guacas que adoran y que usan».[5]

En esta tradición se encuentra el origen de los achachilas y adoración a las piedras, que aun persiste en las creencias de los indios.