A la madre le duelen los pechos para que el hijo que hace lactar se enferme.
No debe rascarse la planta de los pies a los niños porque les da gusanera en el estómago.
Las criaturas lloran mucho en la noche cuando han sido agitados o llevados por el viento sus pañales en el día.
El niño que se chupa los dedos hace caer el cabello de su madre. Sucede lo mismo cuando ha fallecido, durante el período en que entran en putrefacción sus manecitas.
La madre que desea tener abundante leche debe hacer hervir chuño y tomar su caldo con frecuencia.
II
Se dice que un niño está catjata, es decir, agarrado, cuando se enferma a consecuencia de una caída, de haber llorado en el campo, o de haberse asustado, accidentes en los que creen que parte de su alma se ha desprendido con la conmoción del cuerpecito y quedándose a vagar en esos puntos, pugnan por reunirse a la otra, que sufre por ello. El tratamiento que siguen en estos casos, para curarlo, consiste en darle de comer un poco de tierra levantada del paraje donde ha ocurrido el hecho, y si esto no es bastante y sigue llorando, llaman al brujo o hechicera para que lo cure, quien, desde el primer momento manifiesta que su ánima se ha quedado en el lugar donde ha caído, llorado o asustádose, y que para su sanidad conviene recogerla. Con éste objeto hacen de los pañales o vestidos del niño enfermo un envoltorio, que tiene la forma de una criatura arropada, el que es conducido en brazos por aquél, quien, además, lleva consigo, confites, mixtura, figuritas de estaño y se dirige al sitio en que tuvo lugar el accidente, acompañado de algunas personas. Allí el brujo o hechicero azota el envoltorio, reconviniéndole, cual si hablara con un ser viviente, porque ha permitido que su anima lo abandone, y llama en seguida a ésta, con las palabras: Anima de mi niño querido vente; ánima adorada de mi niño vuélvete; ánima idolatrada de mi niño vámonos a casa. Tu cuna está dispuesta, tus pañales calientes, te espera el tierno regazo de tu pobre madre que llora por verte a su lado, que se desespera por estrecharte contra su pecho y que no sufras más el hambre y frío que reinan en estos desiertos y tristes lugares...
En seguida entierran en el sitio las especies que trajeron, ofreciéndolas a la Pacha-Mama y regresan a la carrera, haciendo acostar el envoltorio inmediatamente que llegan, junto al niño enfermo, con la seguridad de que este sanará debido a todo lo que se ha realizado en obsequio a él.
El niño pone el oído al suelo, en actitud de escuchar, cuando su madre está nuevamente embarazada y aquel siente que el feto llora y le llama.