Al hombre soltero que mantiene relaciones ilícitas con mujer casada o viceversa, les sale mal todo, porque se vuelven aciagos, o sea kchenchas.

La mujer que se amanceba con un sacerdote se convierte, en la otra vida, en mula, y en esta, cuando su alma se desprende del cuerpo, toma siempre la forma de mula, y la de sus hijos de candeleros, de los cuales el diablo se sirve para darse luz en sus fechorías.

El que causa un grave daño, es empujado por los espíritus vengadores, al encuentro del castigo en un momento denominado hora de burro, en que su entendimiento se ciega y obra en forma inexplicable para sí y para los que se interiorizan del hecho. La hora de burro persigue a los malafes.


Capítulo VII
A través de las fiestas

I.—Los alferazgos y sus excesos; prestes y la práctica de curar el cuerpo.—II.—Particularidades del carnaval.—III.—La khespía.—IV.—La chicha y su fiesta en Cochabamba; educación de la mujer cochabambina. La chicha, licor nacional.—V.—Lo que fué la fiesta de la Cruz en La Paz. Phuma-cancha y el sihuay-sahua.—VI.—Los altares del Corpus.—VII.—La víspera y el día de San Juan Bautista.—VIII.—Los compadrazgos.—IX.—El taripacu.—X.—Varias supersticiones complementarias y lo que se entiende por arujaña.

I

La persona que quiere conmemorar el día del santo titular o patrono de la capilla o pueblo de donde es domiciliario, o que con ese objeto es nombrado por su párroco, por haberle llegado el turno, se inviste del cargo el mismo día del santo, o después que su antecesor ha finalizado con las obligaciones que se impuso el año anterior. Al recién designado que toma, desde luego, el título de alferez le corresponde celebrar la fiesta al año entrante. El número de estos alfereces, varía en razón de la mayor o menor popularidad que rodea al santo por sus milagros. Hay ocasiones, cuando la efigie tiene prestigio de milagrosa, que se reciben hasta quince personas, otras, no pasan de uno, y éste se compromete, sólo porque la costumbre no desaparezca del lugar.