En cuanto a las prácticas religiosas, son muy desidiosos y sus actos no están conformes con las exigencias del culto católico, del cual, no aprecian sino la parte que les permite divertirse y embriagarse. El cristianismo no ha penetrado en el alma indígena por falta de una enseñanza seria y de sanos ejemplos que les debieron ofrecer los encargados de su propagación. El callahuaya ni concurre a misa, fuera de las que él o sus relaciones hacen especialmente celebrar, ni se confiesa ni comulga. Muere como ha vivido, auxiliado por sus brujos.
Cuando alguien se enferma, creen que el alma del paciente pugna por dejar su cuerpo atraído por la persona de la dolencia y para impedirlo se reunen a media noche sus amigos, y colocados en fila, a la entrada de su casa, ruegan a la enfermedad que se vaya, pero que no se lleve el espíritu del enfermo y si lo ha seducido, que desista de su empeño. Le piden con ruegos los más cariñosos, ofreciendo tratarle bien: darle pan, dulce, viandas y licores para su viaje de regreso.
Son estos indios poco hospitalarios y no consienten que un extraño permanezca muchos días en su comarca.
No obstante de que los callahuayas viajan por países remotos y civilizados y aun varios de ellos reciben instrucción en escuelas extranjeras, no han adelantado ni en su manera de ser individual, ni en sus costumbres sociales; lo que fueron sus antepasados, continúan siendo ellos hoy: con las mismas preocupaciones e iguales resistencias para amoldarse a la vida civilizada. En los viajes, lo único que aprenden es hablar un poco el castellano y mostrar cierto despejo en sus relaciones con personas extrañas; maneras que desaparecen en presencia del Corregidor o vecino principal de su pueblo, ante quienes se muestran cohibidos y acortados; porque éstos lejos de cooperar a las tendencias de adelanto que traen aquellos de afuera, no pierden ripio para humillarlos y deprimirlos de la manera más brutal, fuera de robarles con descaro los objetos que traen. El cholo de provincia, particularmente el de aquellos pueblos, ostenta con el indio, que las más de las veces vale más que él, una vanidad ridícula y feroz, que se hace de todo punto imprescindible el reprimirla. Una ocasión regresó al pueblo de Curva un callahuaya joven que habiendo permanecido en Buenos Aires algunos años, pudo ilustrarse y adquirir maneras cultas, muy superiores a los de los vecinos principales del lugar. Mortificado el Corregidor con aquel porte correcto del indio y herido en su amor propio con la manera decente de vestir, lo asesinó sin que mediara provocación por parte de aquél, en la primera fiesta que celebraba el pueblo, y sin que hasta hoy el delincuente hubiera sufrido ninguna sanción.
Quizás esas causas influyen para que los callahuayas se entreguen a la embriaguez y se pongan furiosos en ese estado, e indiferentes y melancólicos, cuando no se hallan dominados por el alcohol.
«Más felices somos en tierras extrañas que en el suelo donde nacimos». Esa es la verdad; amarguras y desengaños solamente les esperan en sus pueblos. En vano se fatigan con largos viajes; los frutos de sus ímprobos trabajos sólo sirven para enriquecer a sus famélicos opresores, cual si una maldita ley evolutiva los hubiera condenado a desaparecer, torturados en las últimas etapas de su decadencia étnica.
Tales son estos famosos herbolarios y hechiceros de la raza indígena.
IV
El Jampiri, llamado más propiamente jampicamana, kollacamana, palabras con las que se designa al médico en aymara, y con las de kolla, hampi, la medicina, y con las de kollana, hampiña, el acto de curar, no es sino el mismo callahuaya que toma ese nombre, o se lo dan las clases populares, según su costumbre y el prestigio que goza entre ellas. A sus imitadores o discípulos, por lo regular a todo individuo dedicado a curar, les dan también tales denominaciones, particularmente si acompañan a sus procedimientos las prácticas supersticiosas de los callahuayas, aunque sin la pericia y variadas formalidades de éstos.
La curación hecha por un jampiri, con todo el aparato que en semejantes casos emplea, la describe un escritor como sigue: