Para que sea poco afectuoso y aún ingrato con alguno de sus padres, le dan al niño agua en la que se ha lavado la ropa sucia de aquél.
A la mujer que tiene quebradura o descenso de la matriz se le hace poner el pie por el que cojea sobre la corteza de higuera y cortándola conforme a su planta, se coloca esta forma en la chimenea. A medida que va secando la corteza irá sanando la persona enferma.
La mordedura del perro la curan hiriendo al can, que dió la dentellada, en la misma parte en que está la herida de la persona mordida, con objeto de que lamiéndose el animal la sangre que fluya por la suya, vaya curando, por simpatía, la que ha causado. En seguida cortan su lana la queman y con la ceniza espolvorean la herida del enfermo, después de lavarla con orina podrida. De este tratamiento, que lo tienen por eficaz esperan su sanidad, con la circunstancia de suponer que ella seguirá el mismo curso del perro, por lo que es imposible que a éste lo maten, temerosos de que el paciente tenga igual muerte. Las lesiones de ambos, según la creencia indígena, deberán correr las mismas contingencias en su curación, empeoramiento o desenlace mortal. Al hincar el can sus dientes en la carne del ser humano y corresponder este hiriéndole se establecen una identidad de sufrimientos, una correlación de sus destinos, que sólo desaparecen con la cicatrización de las heridas.
El cuerno de ciervo goza de mucha fama como remedio para los desvanecimientos pasándole por las sienes al que los sufre.
El humo producido por la quemazón de las plumas de la Abubilla ahuyenta las moscas de una habitación.
La flictena motivada por una quemadura, sana si se aplica sobre ella algodón escarmenado.
Para arrancar una muela sin dolor, se toma una lagartija viva, se la introduce en una olla y después de taparla bien se la pone en un horno ardiente y se la tiene hasta que la lagartija se reduzca a ceniza y con estos polvos que se aplican a la encía, aseguran que sale la muela o diente con facilidad.
El aguardiente recetan para el catarro y los constipados, repitiendo a menudo la siguiente fórmula: El catarro se cura con el jarro; si la enfermedad no se quita, con la copita; si a pesar de eso sigue ella, con la botella, y si viene con tos, con dos.
Para neutralizar los efectos de un hechizo, debe bañarse el cuerpo los martes y viernes, en la noche, con agua de retama y derramar esta ya sucia en la puerta de la persona de quién se teme el daño, y no transitar por allí después, hasta que pase algún tiempo; en seguida, empaquetar en saquitos de género, precisamente colorado hojas de retama o solimán y llevar cosido al vestido o a guisa de escapulario. También acostumbran, con el mismo fin, regar la habitación con licores o chicha, sahumando después con kkoa.
Después de comer una mazorca de maíz, se debe partir en dos el marlo para que de él no se valgan los enemigos para embrujar al que lo ha comido. El marlo partido ya no sirve para el caso.