¿No es curioso, señor cura, el ver qué poca cosa nos transforma y transforma con nosotros todo lo que nos rodea?

Pasé por detrás del banco en que estaban hablando Luciana y Gerardo, y como me ocultaban los arbustos, no sospecharon que estaba yo tan cerca ni que sus palabras, escasas y lentas, llegaban hasta mí.

Luciana decía:

—Yo no tengo confianza.

Y él respondió:

—Sin embargo, pruebe usted...

Las palabras eran insignificantes, pero la entonación era tan íntima, tan penetrante y tan dulce, que temí ser indiscreta y me escapé de allí.

Y en mi precipitación por poco dejo caer al Marqués de Oreve, que se estaba paseando con un librote debajo del brazo y aspecto de preocupación.

—Figúrese usted—me dijo poniéndome una mano en el hombro para contener mi impulso—que no puedo encontrar el vínculo de parentesco entre los Olmutz y los La Fribourgére...

—¿Desea usted saberlo?