Reflexioné un instante y dije:
—Máximo vive cerca de aquí, en la calle de Conde... Puede usted ir y volver en menos de media hora.
—Será preciso entonces que prevenga a Máximo, porque tiene la llave de la maleta y no sé dónde la ha puesto.
—Hágalo usted, se lo ruego, sin denunciar a Luciana.
—Naturalmente... ¿Por quién me toma usted? Pondré un pretexto... Unos papeles que he metido allí por error... ¡Es fastidioso! Siempre se tienen molestias con las mujeres atacadas por el furor de escribir...
Estaba violento y nervioso.
—¿Cómo podré dárselas a usted esta noche?
—¿Es voluminoso?
—No mucho; unas veinte hojas en un sobre.
—Entonces busque usted un momento favorable para poner el sobre en este libro, y hágame una seña para que yo lo busque en seguida y no caiga en otras manos...