¿Sería la ausencia de Lautrec lo que la tenía tan preocupada? Así lo pensé y sentí renacer todas mis prevenciones.

Lacante, que estaba algo delicado y andaba con dificultad, se retiró temprano con su hija. Y disponíame yo a seguir su ejemplo, cuando Sofía Jansien salió al paso.

—No tiene usted la menor atención para las antiguas amigas—me dijo haciendo monadas.—Apenas me ha saludado usted esta noche, y su bella Luciana lo guarda tan severamente, que no se le ve a usted por ninguna parte... Ni siquiera me ha anunciado usted su boda.

Le recordé que había intentado en vano encontrarla en su casa y que la había escrito para participarle el casamiento.

—Sí, la estricta urbanidad y nada más. Pero yo hubiera querido otra cosa...

—¿Qué, señora?

—Un poco más de interés en hablarme de sus proyectos... antes de que fuesen definitivos... Le hubiera a usted dicho, acaso, cosas... interesantes.

—Siempre es tiempo de decirlas.

—No, no... ya no es tiempo... No hay más que inclinarse ante las declaraciones oficiales... Pero hace usted mal en tratarme como a una cantidad despreciable, se lo aseguro.

—Nada más lejos de mi pensamiento. ¿Qué me hubiera usted dicho, señora, antes de las declaraciones oficiales?